San Wenceslas, al atardecer

Praga es una ciudad para el caminante. Es una ciudad que sólo se conoce cuando uno, simplemente, se dedica a ir de aquí para allá sin demasiado rumbo y sin tanto mirar los mapas. No es una tarea sencilla en julio; las calles están repletas de otros turistas, algo que por supuesto es mucho más notorio en las áreas más turística, como el puente de Karlovy, donde parece que formamos parte de una procesión.

En un tiempo en el cual todavía muchas ciudades insisten en un modelo de urbe creada alrededor del auto, Praga es una experiencia mucho más cercana a quienes nos gusta conocer sin necesidad de apelar a otros medios de transporte que no sean los públicos. Lo que sigue es más bien una selección desordenada de tópicos más bien positivos de la ciudad.

Noche en Praga

Debo reconocer que hacía mucho tiempo que quería conocer esta ciudad, y lo que vi estaba completamente a la altura de lo que esperaba. Y me sentí bien con tener cierta ausencia de información; prácticamente había preferido no saber donde estaban los lugares más importantes, cuáles eran las iglesias a visitar, y cosas así. Las cosas, simplemente, se aparecieron. Las fachadas, las cervecerías, los “lugares importantes”, se aparecían con simplemente seguir al resto de los turistas. Ya se han hecho muchos paralelos entre la idea de “procesión religiosa” y el turismo como una forma de veneración de ciertos espacios, por lo general legitimados por la industria y las guías de turismo. Ya había notado esa auto orientación de muchos turistas, esa seguridad de seguir a la multitud hacia donde “seguro habrá algo que ver”. El centro de Praga está repleto de turistas como nosotros, y toda idea de ir hacia donde los cuerpos no saturen el espacio urbano es un tanto imposible. Sólo queda caminar. O detenerse a tomar cervezas ricas y baratas. O buscar la sombra para pasar el calor de julio. O detenerse en los puestos callejeros a comer alguna comida rápida para recuperar fuerzas.

Comida en la calle

Caminar es conocer Praga. Eso me gusta. Incluso cuando, a veces, sea seguir a la multitud, o caer en la cuenta que no podemos evitarla. Es el lado bueno de una hermosa ciudad. Pero esas misma turistificación de la experiencia a veces se conecta con cosas no tan buenas. Sobre eso, mañana.

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