Sabado a la nocheEs sábado a la noche, y estamos en el centro de Budapest. Hay muchísima gente de aquí para allá, pero sobre todo una enorme cantidad de jóvenes que pasean, que llenan los bares y cervecerías. Por esos datos que te pasan los locales, terminamos con buena parte del grupo de Global Voices en una cervecería en la terraza de un edificio muy cerca del Novotel Centrum. El acceso era muy particular; una subida de cinco pisos -al menos- por escalera, a partir de una entrada que se parecía más a los baños de las estaciones de trenes en Argentina que de un bar.Arriba, la sorpresa era mucho mayor; mucha gente. Casi ni había mesas disponibles, y hubo que conseguir mesas y sillas de varios lados. La noche estaba muy bien; a pesar de que en ésta época del año Budapest es cálida y húmeda, por las noches la temperatura es mucho más agradable. Y lo que faltaba: una pinta de cerveza Soproni costaba 420 forints, menos de dos euros -cada euro se cotiza en 240 forints, más o menos. O sea, bastante económica, incluso para los alicaídos bolsillos sudamericanos. Esto es una constante; en el bar que se encuentra justo al lado del Easy Hotel, una pinta de la cerveza Dreher cuesta 400 forints. Aún no probé la Edelweiss. La otra cerveza que se consigue mucho es la Heineken, pero esa ya la conozco mucho mejor.

WorkingY aunque escribiré más en los próximos días, sólo puedo decir que Budapest es una ciudad muy atractiva, y que dan ganas de pasear por sus calles y ver los hermosos edificios que hay por aquí. Aún me queda pendiente viajar más en transporte público. Y no es para nada cara; de hecho, a estándares europeos, es realmente económica.

Por cierto, sigo subiendo imágenes al album de viaje por Budapest.

En la noche

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