En este mundo, no todo el mundo tiene el derecho a trasladarse donde quiera. Y el problema no se limita únicamente a la capacidad de poder comprar la movilidad. Para poder viajar, hay que cumplir con una serie de requisitos legales y económicos. Un mundo de turistas y vagabundos, como plantea Zygmunt Bauman (una distinción de la que hablamos en una entrada anterior).

La reciente decisión de la Comunidad Europea refuerza esta separación entre turistas y vagabundos. Los pobres no sólo tienen menos posibilidades de viajar, en tanto tienen menor capacidad de compra. Ahora, también, su movilidad pasa a ser penalizada sin más. Viajar sin cumplir con los requisitos establecidos por las naciones europeas te puede mandar a la cárcel por un período de 18 meses. ¿Ser puede ignorar que esto implica una profundización de las tendencias que en los países más desarrollar lleva a criminalizar la movilidad de cientos de millones de personas?

La directiva aún no es ley, en tanto debe ser tratada y aprobada por el Parlamento Europeo. Pero se inscribe en el marco de tendencias preocupantes, en tanto toda política migratoria está siendo reemplazada, simplemente, por la criminalización del movimiento de los más pobres.

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