En estos días estuve leyendo algunas cosas sobre el tema de jetlag. En un par de semana voy a tener un largo recorrido en avión, que con escalas y todo será de 34 horas. Y como apenas llego tengo que comenzar a hacer cosas, estaba mirando que sería lo mejor para no estar planchado dos o tres días. Y la solución sería, de acuerdo a lo que manifiestan algunos científicos al diario inglés The Daily Telegraph, no comer la comida que te sirven en el avión. No porque sea una porquería -bueno, por lo general lo es. Más bien, porque comer tiene efectos muy importantes sobre el reloj biológico. Más importantes, al menos, de lo que se creía.

Hasta ahora, los científicos que estudiaban el tema de jetlag creían que la comida era importante, pero que la clave, en realidad, se encontraba en el tema de la luz. O sea, que los desajustes en nuestro reloj biológico se debían a las modificaciones en la percepción de la luz, debido al cambio en los husos horarios. Pero ahora creen que, en muchas ocasiones, una especie de “segundo reloj biológico”, más orientado hacia el tema de la comida, puede superar en importancia al regulado por la luz.

Como el cuerpo solo puede compensar una parte del cambio del huso horario, a un viajero internacional le podía tomar una semana adaptarse a un viaje, por ejemplo, a Japón, donde podemos llegar a saltar 11 husos horarios. Pero ahora, y de acuerdo a la nota del Daily Telegraph, se podría hacer más rápido el proceso si no comemos por 16 horas; de esa manera, el reloj biológico relacionado con la comida haría el ajuste.

Creo que en el próximo viaje voy a pasar hambre por una buena cantidad de horas… Igual creo que ya sabemos cuál será la próxima excusa de las aerolíneas para no darte de comer: “señores pasajeros, esta empresa tiene estrictas medidas para evitarles el jetlag”.

Más información sobre este tema en The Daily Telegraph.

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