¿Qué pasa cuando alguien, a quien le encanta viajar como un mochilero, quiere seguir haciéndolo de esa manera, pero tiene más dinero para gastar? ¿Deja de ser un mochilero? En cierta medida, ya no viaja igual que antes. Tiene algo más de resto para gastar en comida y transportes más cómodos, en libros y artesanías. ¿Le seguimos llamando “mochilero” o “backpacker”?

El marketing siempre tiene nuevas categorías, y estos “backpackers” de más de 30 años y con más disponibilidad al gasto son llamados “flashpackers”. La forma de viajar que siempre se asoció con la juventud, como salir de mochilero, se puede extender más allá de cierta edad, pero con algunas adaptaciones. No es muy diferente a lo que está sucediendo con muchos aspectos de nuestra vida cotidiana; ciertos consumos asociados con adolescentes y jóvenes hoy se extienden a otros grupos etarios.

Entonces, un “flashpacker”, al igual que el mochilero, no tiene ruta prefijada, arma sus recorridos con independencia de agencias de viajes, y cuenta con más tiempo para recorrer sus destinos que los habituales para un turista tradicional. Pero ya no está tan asociado a un gasto muy controlado; son, por decirlo de alguna manera, el sector “top” del turismo mochilero.

¿Y para qué identificar una nueva categoría de viajeros? Porque al mercado, los segmentos de consumidores que más gastan le caen muy bien. Si durante mucho tiempo el segmento de los mochileros fue atacado por “no dejar nada de dinero en los destinos que visitaban” , el flashpacker aparece como una figura diferente; es como un mochilero, pero está dispuesto a gastar en mejores comodidades. O sea, tiene onda, y tiene plata. Que otra cosa podría querer un destino turístico emergente que atraer muchos “flashpackers”.

¿Cuánto faltará para que comiencen a aparecer revistas y medios especializados que apunten al segmento del “flashpacker”? ¿O será que guías como Lonely Planet hace tiempo que coparon este mercado?

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