Cuando arranqué con este blog, hace cuatro años y medio, uno de los temas que más aparecía era el que buscaba pensar el viaje como un proceso personal. No desde la perspectiva de autoayuda; más bien, la idea era recuperar la experiencia del viajero, esa que jamás aparece en los artículos que se publican en los medios, y que cada vez aparece menos entre los blogs.

Pero ahora esas preguntas, en tono de “trascendencia”, pueden aparecer incluso en una publicidad, como este spot de Louis Vuitton, que en éstos días se está transmitiendo por varias cadenas internacionales de televisión.

¿Qué podemos decir frente a esto? ¿Qué es un viaje, que no aparece en un comercial televisivo? Viajar es hacerse preguntas, pero éstas no deben ser necesariamente trascendentales preguntas acerca de conceptos y descubrimientos interiores. A esta altura queda claro que el movimiento físico es también un viaje por nosotros mismos, y por nuestra forma de ver el mundo. Pero que lejos de ser un armónico reencuentro con nosotros mismos, es a veces el disparador de una serie de reflexiones sobre nuestro entorno. Cualquiera que haya viajado bastante por América Latina sabe que no todo se limita a “encontrarse consigo mismo”. Que mucho de lo que vemos nos llena de rabia, nos hace cuestionar el orden de las cosas, y pensar de nuevo toda una serie de relaciones entre política y cultura. Encerrarnos en nosotros mismos, en clave de autoayuda, puede terminar en una forma de aislamiento, a pesar de que nos encontremos en movimiento.

¿Será que tenemos, como viajeros, mucho más que decir sobre este comercial, más allá de lo linda y atractiva que es la fotografía y los paisajes que retrata?

Anuncios