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Vietnam Veteran´s Memorial Wall: las representaciones y las guerras culturales

Uno de los monumentos más visitados en Washington D.C, la capital de Estados Unidos, es el Vietnam Veteran´s Memorial Wall. En una enorme pared pared negra, de granito, en donde se encuentran inscriptos los nombres de 50.022 muertos estadounidenses a lo largo de la guerra.

Vietnam Memorial
Hay varias particularidades interesantes del monumento. Se trata de una enorme “V”, cuyas paredes están inclinadas, y cuya superficie está tan pulida que podemos ver los nombres de quienes murieron, pero a la vez nos vemos todo el tiempo reflejados en la pared, y podemos ver todo el entorno de Washington D.C. No hay muchas dudas de a quien interpela: a los estadounidenses, a quienes recuerda por quiénes se peleó, y a la vez se deja en claro en qué lugar se encuentran parados. Como plantea Dean MacCannell (1992), se trata de un monumento semióticamente bien preciso. Su forma, la “V” es una tradicional representación de lo femenino, pero a la vez la salida del monumento apunta directamente al obelisco que conmemora la figura de George Washington, un verdadero símbolo de lo fálico -pueden ver ese detalle en la foto que se encuentra arriba de este párrafo.

El camino que se encuentra al costado de la pared es además un plano inclinado -pueden ver este detalle en la foto que se encuentra debajo de este párrafo-, y a medida que caminamos la pared se vuelve más y más alta. En un momento, los cientos de nombres se apilan sobre nuestra cabeza. A medida que avanzamos, el camino se hace cuesta arriba, la lista de nombres comienza a hacerse más corta, y cuando salimos nos encontramos de frente al monumento a Washington.

Vietnam Veteran´s Memorial Wall
Pero la historia del monumento es compleja. Apenas se supo cuál había sido el proyecto ganador, en 1982, rápidamente aparecieron protestas por parte de grupos de veteranos, que entendían que el monumento nada decía del valor de quienes habían combatido en la guerra. Esa postura la sintetiza muy bien Tom Wolfe (2001):

La ganadora fue una joven estudiante de arquitectura de Yale llamada Maya Lin. Su proyecto consistía en una pared con forma de “V”. Nada más. Una pared de granito negro decorada únicamente con los nombres; ninguna alusión al honor, la valentía o la gratitud; ni siquiera una bandera. Una obra que no requería ni un ápice de habilidad

Wolfe fue un activo participante de las “guerras culturales” de los ’80 en Estados Unidos. Con una postura favorable al gobierno de Reagan y una disposición continua a atacar a los “radical chic”, el fragmento resume su postura sobre el arte moderno, y la necesidad del retorno al realismo, a tono con la victoria del conservadurismo político en los ’80.

La presión de los grupos ligados a los veteranos tuvo éxito, y llegó la corrección, bajo la forma de una escultura que reivindicaba el canon de lo clásico, como le gusta a Wolfe. La obra, “Tres soldados”, de Frederick Hart, se colocó justo frente a la pared, de tal manera en que las figuras miran hacia ellas.

Tres soldados
El desprecio de Wolfe por la obra de Maya Lin deja en claro buena parte de sus presupuestos: en un programa que enfatiza la vuelta al realismo, cualquier lectura semiótica no es más que un montón de pavadas. En su cruzada particular, opta por ignorar que esa simple “V” remite a una variedad de lecturas. Pero que evita una: la exaltación del patriotismo y de la virilidad. Representa la guerra desde un símbolo de lo femenino, pero no deja de reflejar todo el tiempo nuestra presencia, el obelisco de Washington y el entorno de la ciudad. El “ni siquiera una bandera” dice mucho de lo que se esperaba del monumento, y éste simplemente opta por no cumplir. Mal que le pese a Wolfe, hay una serie de lecturas semióticas a hacer, y que probablemente expliquen esa sensación de estar todo el tiempo superados por el monumento. Tal vez sea sólo uno “V”, pero, en el lugar, sus significados se multiplican.

Luego llegas al fondo, ansioso por salir, por ver los nombres de los últimos en morir. Allí la superficie pulida se quiebra ligeramente a la derecha, produciendo varios efectos simultáneos, una convergencia de la experiencia que sólo podría darse en ese lugar y en ese momento. Justo cuando tú estás más empequeñecido y la extensión de la lista de muertos es más larga, el monumento a Washington aparece reflejado en la superficie, dentro del paréntesis perfecto de arriba debajo de las dos listas más largas. Y en ese instante, la totalidad del memorial se refleja a la izquierda. Cuando pasas por el centro, la imagen del monumento a Washington se duplica, tu propia imagen se duplica: estás fuera de ti mismo y encontrándote contigo mismo al mismo tiempo. Es des-orientador (Maccannell, 1992).

Por cierto, si llegan allí, el monumento de los soldados de Hart tiene un cartel que pide no posar junto a las figuras. O sea, ser respetuoso. La patria y el turismo, a veces, son cosas que no se llevan bien.

Vistas desde su posición, los soldados de la escultura de Hart están yendo hacia algún lugar. Para Dean Maccannell, es probable que estén tomando valor para buscar sus propios nombres en las paredes.

Citas bibliográficas

Maccannell, Dean (1992) “El memorial de los veteranos de Vietnam en Washington” en Lugares de Encuentros vacíos. Melusina, Barcelona, 2007.

Wolfe, Tom (2001) “El artista invisible” en El Periodismo canalla y otros artículos. Ediciones B, Barcelona.

Para quienes quieran más información sobre el monumento, pueden ver en este enlace,  donde hay fotografías, los nombres grabados en la pared, y otros datos.

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