Ayer, mientras leía el análisis de Anne Galloway sobre la nota de The Economist que cité ayer, se me apareció de golpe una frase a la que no había prestado mayor atención:

‘Permanent connectivity, not motion, is the critical thing.’

Una frase que resume de manera muy simple lo que ayer me tomó varios párrafos: que ésta no es una “movilidad viajera”; más bien, se trata de una movilidad pensada alrededor de las necesidades del viajero de negocios. O sea, una “conectividad permanente” que no requiere conectividad en cualquier lugar; sólo la necesita en los puntos clave donde circula el dinero y se crean los negocios. Por ello, hay una vinculación muy fuerte entre conectividad y entornos urbanos. No sólo porque allí hay mayor masa crítica de usuarios; también porque allí se desarrolla el modo de vida y los negocios que requieren esa conectividad.

Esto no quiere decir, claro, que la conectividad se limitará a los entornos urbanos. Muchas zonas rurales en el mundo cuentan con servicios de banda ancha, en particular aquellas que tienen una alta productividad y requieren de métodos de transacción electrónica. Pero cuando hablo de “conectividad permanente” voy mucho más allá de la PC conectada a Internet; hablamos de múltiples opciones inalámbricas (WiFi, 3G, Blackberry) junto a los accesos vía ADSL y cablemódem.

Y el impacto de la “conectividad permanente” se verá sobre todo en las ciudades, como marca una de las notas de The Economist. No sólo deberíamos ver cambios en el tráfico, ante el crecimiento del teletrabajo y la pérdida de importancia de las horas pico; también comenzarán a aparecer cambios en el mercado inmobiliario, sobre todo si cae la demanda de oficinas, en tanto las compañías descentralicen sus operaciones.

Igual, al final seguimos con los negocios y una nueva forma de vivir y moverse por tu lugar de residencia. Para hablar de viajes por cualquier lugar, me parece que habrá que esperar, y mucho.

Anuncios