¿Se acercan los tiempos en que realmente podremos convertir a nuestra vida personal y laboral en un espacio móvil? ¿Estamos cerca de alcanzar un estado de la tecnología en la cual podremos realizar nuestras tareas desde cualquier lugar, y combinar viajes y trabajo?

Es bastante evidente que estas preguntas, incluso planteadas de manera hipotética y orientadas hacia el futuro, no son del interés de cualquier persona. Hay toda una serie de profesiones que, aunque el individuo quisiera, no podría ser adaptadas en la actualidad a la vida en movimiento. Pero muchas otras sí. Para un blogger, diseñador gráfico, periodista, y otras profesiones que pueden ser integradas al esquema de teletrabajo, el sueño no es tan imposible. Y la cuestión se extiende tanto que The Economist le dedicó al tema una nota en su último número. Y lo hace desde una visión bastante realista: que allí afuera, la conectividad sigue siendo una cuestión escasa. Y más cuando vivimos fuera de algunas de las naciones más desarrolladas.

Claro que podemos cargar un Blackberry, una notebook, y un módem inalámbrico 3G -si podemos pagarlo, desde ya, pero ese es otro tema. Podemos buscar conexiones WiFi, cada vez más comunes en las ciudades. Pero basta tener que depender de la conectividad fuera de casa, para caer rápidamente en la cuenta: todo es demasiado complicado. Las conexiones inalámbricas son poco confiables, el Blackberry cada tanto deja de recibir los correos o no accede a Internet, y mantener un sistema de archivos razonablemente ordenado es una especie de pesadilla. Claro que existen algunas herramientas que nos ayudan con el tema de la movilidad, al sincronizar datos entre diferentes dispositivos; pero siempre dependen de la escasa conectividad para no volverse inútiles.

Si chequeamos los ejemplos exitosos que The Economist cita sobre las “firmas virtuales”, veremos que las más interesantes tienen un espacio limitado de movilidad. Carecen de oficinas, pero no salen de ciertas áreas determinadas, como New York y sus alrededores. La “movilidad” es un espacio que permite organizar tu vida de otra manera, pero mientras permanezcas en el área donde la conectividad es confiable. No se trata de una movilidad viajera, que salta de país en país. En todo caso, se trata de un tipo de movilidad que salta de “ciudad confiable” en “ciudad confiable”. Allí donde se pueden encontrar conexiones Wifi, cobertura 3G, acceso a cablemodem y ADSL, y cualquier otra forma de banda ancha. Se trata de una movilidad limitada, cuya confiabilidad sólo opera para quienes viven los negocios en áreas específicas del mundo. No es aún una movilidad de viajeros. No por ahora, al menos.

Y, por cierto, está el resto del mundo, que se sigue el movimiento de los horarios fijos y de las reuniones cara a cara obligatorias. Vayan con ellos y les cuentan sobre la vida móvil y los tecnobeduinos, y después me cuentan.

La nota de The Economist sobre los “tecnonómades” se puede ver en este enlace. Tiene varios apartados sobre trabajo móvil, las relaciones familiares y su relación con la movilidad, y sobre los usos particulares de los dispositivos móviles en ciertas tareas, como la supervisión de elecciones en muchos países.

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