“El “embellecimiento urbano”, obvio es decirlo, ha sido siempre un eufemismo orwelliano. En el tercer mundo urbano las gentes pobres temen siempre los acontecimientos internacionales de alto nivel –conferencias, visitas de dignatarios, competiciones deportivas, concursos de belleza y festivales internacionales— que empujan a las autoridades a lanzar cruzadas de limpieza de la ciudad. Los habitantes de los barrios miserables saben que son lo “sucio”, el “tizón” que sus gobiernos prefieren ocultar al mundo.”
Mike Davis, “A escobazo limpio”, texto completo en este enlace.

La gira mundial de la antorcha olímpica ha sido mucho más conflictiva de lo esperado, debido a los manifestantes que reclaman a China que deje de ocupar Tíbet y le devuelva su independencia. Es un tema relevante, pero cuya focalización exclusiva puede terminar por esconder otro aún más preocupante: las decisiones que le gobierno chino ha tomado en los últimos siete años para llevar a cabo estos juegos. Con más de 160 mil millones de dólares invertidos sólo en construcción -se edificó un área que equivale a tres Manhattan-Beijing es una ciudad que ha cambiado de una manera enorme, a un ritmo pocas veces visto en la historia de la humanidad. Hoy, China consume la mitad del concreto que se produce en el mundo, y la tercera parte del acero.

Arranquemos por el lado del negocio: China obtuvo mucho del dinero necesario para este proyecto gracias a la venta de patrocinios para los distintos segmentos de los juegos. Ansiosas por ganar todo el mercado que pudieran, las grandes compañías mundiales se pelearon por pagar fortunas para figurar como patrocinadores. Las nuevas construcciones, algunas de ellas monumentales, servirán a los juegos, pero una vez que éstos pasen, terminarán en manos privadas.

¿Y cómo obtener semejantes porciones de terreno en Beijing? Mediante las expropiaciones de interés público. De acuerdo al Center on Housing Rights, una organización con sede en Suiza y que trabaja el tema de expropiaciones y expulsiones, 13 mil personas por mes son desplazadas para permitir espacio para estas construcciones. Al momento en que los juegos olímpicos se lleven a cabo, 1,5 millones de personas habrán sido expulsadas de sus hogares mediante expropiaciones (más en este enlace). Que fundan su “utilidad social” en los juegos, pero que apenas éstos pasen, terminarán privatizados. O sea, un gigantesco negocio inmobiliario que se construye en base al sufrimiento de millones de personas a las que se les paga sus propiedades por debajo del valor de mercado, como sostiene Anne-Marie Broudehoux en su artículo “Delirous Beijing”. Se financia con dinero público y de empresas multinacionales un masivo desplazamiento de personas, mientras el Estado asume deudas de enorme magnitud.

Y si bien los valores invertidos en la construcción de las obras aparecen como muy importantes, no lo son tanto si tomamos en cuenta las dimensiones del emprendimiento. La razón es simple: China tiene una mano de obra muy barata, que permite bajar los gastos de manera sustancial.

Traduzo a Broudehoux, mis notas están entre paréntesis:

“La imagen nacional de prosperidad que se construye para estos juegos es hecha sobre las espaldas de los pobres, a los que se les impone una doble carga tributaria. Primero, por el uso de fondos públicos para proyectos monumentales. Segundo, por su explotación como trabajadores o expulsados (por las expropiaciones masivas) (…) Los que las masas pueden esperar ganar en estos juegos son más expropiaciones, aumento de impuestos (para pagar las deudas que quedarán), inflación, libertades civiles restringidas y reducción de programas sociales”.

El tema es gigantesco, y muy interesante. Pero lo más importante es tener en cuenta que el tema de los juegos olímpicos en China no termina en el reclamo por Tíbet. Las transformaciones en Beijing, en particular, son una combinación muy preocupante de un gobierno autoritario y la lógica de las ganancias a toda costa de muchas corporaciones. Cientos de miles de personas terminan desplazadas de sus hogares para garantizar las ganancias de otros. Tengan en cuenta esto cuando escuchen, en unos meses, a muchos periodistas y voceros de medios de comunicación con un discurso de admiración por los cambios en China.

La mayor parte de los datos de esta entrada están tomados de “Delirous Beijing”, de Anne-Marie Broudehoux, en Mike Davis y Daniel Bertrand Monk (eds) Evil Paradises. Dreamworlds of Neoliberalism. New York, The New Press, 2007.

Si les interesa leer más sobre el tema:

Beijing’s Olympics: A Marriage Of Corporate And State Abuse
A escobazo limpio
Demolitions straining families in China (Boston Globe)
Thousands of homes destroyed to make way for Olympic tourists (Times Online)
China, los Juegos y el boicoteo (El País, de España, a este texto llegué vía Oleopolis).

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