Burj Al Arab & Madinat Jumeirah, Dubai
Uno de los conceptos clave de las entradas anteriores sobre la planificación turística que hemos analizado de Dubai (en esta y esta entrada) es el de “libertades modulares”. Básicamente, designa el hecho de que las restricciones usuales de un país islámico -por ejemplo, la prohibición de la venta de alcohol- más una serie de medidas políticas puntuales -para tomar sólo un caso, la restricción y bloqueo de sitios en Internet para la población en general- no se aplican en las zonas turísticas o para los proyectos que apuntan a los viajeros de altos ingresos. Esto, que parece ser una simple decisión de negocios, puede ser analizado también de otras formas.El principal problema de la noción de “libertades modulares” es que convierte el acceso a las libertades públicas, que usualmente está consagrado en cualquier constitución y tratado de derechos humanos como algo que pertenece a todo ser humano, en una categoría que sólo se aplica a quienes tienen más. Dicho fácil: el ejercicio de plenos derechos está reservado a esta clase alta de viajeros de negocios y profesionales internacionales, mientras el resto de la población está excluida por defecto.

Como contábamos en las entradas anteriores (por ejemplo, en esta entrada), no todo recién llegado en Dubai la pasa tan bien. Quienes llegan para trabajar en la construcción de los megaemprendimientos carecen de todo derecho sindical, pueden ser expulsados del país sólo por protestar, y en general reciben pagas bajas en relación con los montos involucrados en los proyectos. Tammpoco tienen derecho a solicitar la residencia permanente, o el acceso a la ciudadanía. El contraste con los recién llegados pertenecientes al mundo de los negocios y el turismo de lujo es enorme; éstos adquieren el acceso a las libertades públicas en tanto están en condiciones de consumir los productos de lujo que se ofrecen en Dubai. Y si pueden comprar alguna de las lujosas propiedades que se están construyendo, no habrá mayores problemas para solucionar el tema de la residencia.

A la hora de analizar en términos políticos la experiencia de planificación turística de Dubai, se hace impactante descubrir que las libertades políticas, consagradas durante décadas en muchos países como derecho de todo ciudadano, se transforman en un bien sólo disponible para las clases más acomodadas. O sea, el pleno ejercicio de la libertad sólo se garantiza a los que tienen más. En éstos años, los procesos económicos globales han ayudado a profundizar la desigualdad entre los habitantes del planeta, y a ampliar la brecha de ingresos entre ricos y pobres. El proyecto Dubai lleva eso un poco más allá, al establecer que el pleno ejercicio de derechos queda reservada a quienes más tienen. Si a eso sumamos que la viabilidad de esta planificación turística está justamente asociada a esa desigualdad global, que permite la creación de una clase de super ricos y estimula la demanda de bienes primarios como el petróleo -principal ingreso de Emiratos Árabes Unidos- veremos que este tema no puede limitarse a un mero análisis turístico.

Igual, seguramente, vamos a encontrar, en el futuro, maravilladas descripciones de los proyectos de Dubai, que eviten cuidadosamente toda referencia de análisis político. Como un milagro hiciera crecer, en medio del desierto, los proyectos arquitectónicos más impresionantes del mundo.

La imagen del Burj Al Arab -el hotel más caro del mundo, uno de los proyectos edilicios más reconocidos de Dubai- que abre la entrada fue tomada por Jay Khemani y publicada en Flickr bajo licencia Creative Commons Attribution.

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