Pocos sentidos son tan engañosos como el sentido común. Como damos por sentado que ciertas cuestiones de la vida diaria son “obvias”, nos desorientamos bastante cuando encontramos que no podemos organizar nuestras conductas cotidianas a partir de esas “obviedades”. Voy a citar sólo dos puntos, relacionados ambos con el transporte público.

En la mayor parte de América Latina, o al menos en la mayor parte de los lugares donde he tenido la suerte de pasar, lo normal es pararse antes de llegar a la parada para descender de un bus. Por ello, lo usual es que, si estamos para subir al micro, veamos que quienes van a bajar ya están delante de la puerta. Por lo tanto, si no vemos a nadie, subimos. Pero ese sentido común no funciona en New York. Allí, las personas suelen pararse para descender recién cuando el transporte se detiene. Se ve mucho en los buses, e incluso en el metro. Los tiempos de detención son bastante más largos que los que se dan en ciudades latinoamericanas. El resultado: si nos abren la puerta, no vemos a nadie, y subimos, es muy probable que alguien se esté preparando para bajar, y lo choquemos a la salida. Obviamente, no quedamos muy bien, y todo por no entender como se organizan ciertos cursos normales de acontecimientos que entendemos organizados con otros sentidos comunes.

Muchas veces, esas diferencias en esas prácticas cotidianas organizadas por el sentido común mueven a comentarios entre graciosos y etnocéntricos. La forma más tradicional de expresar esto es bajo la pregunta “¿Pero cómo puede ser que no tengan XXXXX”? -o “no sepan”, “no se les ocurra”, etc. Las formas de comer, de tomar, de viajar, de organizar reuniones, los horarios, todo cae en ese problema.

En donde se ven muy bien los problemas del sentido común es en los saludos introductorios. Dar la mano o un beso suele ser todo un tema en otro país, en particular cuando no conocemos a nadie allí. En ese momento, esa obvia rutina de todos los días se transforma en una complicada pregunta acerca de la diferencia y el sentido común. Y al estar justo al comienzo de la interacción, el saludo se transforma en un punto clave a la hora de “caer bien”. Y eso incluso en aquellos países que hablan nuestro mismo idioma, o donde al menos manejamos un cierto vocabulario.

No deja de ser interesante que podamos pasar del transporte público a los saludos, y encontrar que la organización de las rutinas cotidianas mediante el “sentido común” atraviese todas esas prácticas.

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