En el último número de The Economist, hay un análisis sobre los cambios que se vienen en el mercado aéreo de Estados Unidos -y que van a afectar también a otros países, claro. La noticia más importante es la inminente fusión de Delta y Northwest, que ya habrían llegado a un acuerdo con los sindicatos -que, por cierto, mucho poder de negociación no tienen, tras los muchos despidos de los últimos años. United y Continental también están en negociaciones. Las razones de las fusiones, desde el lado de las empresas, es simple: su salud financiera es crítica, a pesar de que en los últimos años la demanda de pasajes fue en aumento. Algunos números: desde 2001, las seis grandes aerolíneas estadounidenses han reducido su personal en un 39%; cuatro de ellas están o han pasado por una convocatoria de acreedores; los gastos fueron recortados en un 30%; y 20 mil millones de dólares de los fondos de pensión fueron enviados directo al default. Desde ya, todos esos recortes se hacen más impresionantes cuando notamos que, entre 2001 y 2008, la cantidad de viajes vendido han aumentado sustancialmente, y la tasa de ocupación de los aviones está cerca del 80%.

Pero esos recortes de gastos se enfrentan con un problema: el sustancial aumento del valor del combustible, que no ha sido acompañado de una suba en el valor de los pasajes. En 2002, las aerolíneas gastaron en todo el mundo 40 mil millones de dólares en combustible. En 2007, 135 mil millones. Y ese dato es mucho peor para Estados Unidos. La razón es que la flota de aviones de ese país es más vieja, en promedio, que las que están en uso en Asia y Europa. Por ejemplo, el promedio de antiguedad de los aviones de Northwest es de 18 años, aunque tiene en funcionamiento aeronaves con más de 30 años de uso. Problema: son menos eficientes en el uso del combustible, y aumentan de manera sustancial la factura por combustible. Esto está en línea con buena parte del transporte en Estados Unidos; se trata de un servicio eficiente, pero que no se destaca por contar con unidades nuevas -algo que se extiende a trenes y buses.

Y ahora, que la economía de Estados Unidos no marcha tan bien, las aerolíneas se están apurando a buscar fusiones y más recortes de gastos. El tema, claro, es si realmente van a ahorrar con las fusiones. Muchas veces, la necesidad de complementar culturas corporativas diferentes causa muchos problemas.

Un detalle central: en un mes entra en vigencia el acuerdo de “cielos abiertos” con la Unión Europea. Con aviones más viejos y problemas financieros, a las aerolíneas estadounidenses se les puede hacer complicado hacer frente a la competencia. Y todo en un contexto donde volar es cada menos placentero, y los pasajeros son sometidos cada vez más a una creciente cantidad de regulaciones de seguridad, y cuando los retrasos y cancelaciones de vuelos son cada más frecuentes (ver esta y esta entrada sobre el tema de la cada vez peor calidad del servicio de las aerolíneas).

Más en “A normal industry?”, en The Economist, 16 de febrero de 2008.

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