Metropolitan

El viernes estuve seis horas en el Metropolitan Museum of Art de New York -arriba, una foto de su hall de entrada-, un enorme museo con diversas secciones dedicadas al arte grecorromano, egipcio, de América, Asia y Oceanía, arte moderno y otras secciones. Sé que muchas personas que viajan desaconsejan visitar museos, en tanto lo ven como una forma de quitar tiempo a la experiencia del viaje, en particular al contacto con los habitantes locales y la actualidad de un país. Pero, al menos para mí, los museos de New York me resultan demasiado interesantes y atractivos como para saltearlos. Arranqué por el MET, y en la lista sigue el MOMA, y tal vez el Guggenheim.

Y en el terreno de la pintura en particular, uno de los problemas de quienes vivimos fuera de Estados Unidos o Europa es que accedemos a muchas obras relevantes del último siglo únicamente mediante reproducciones en libros. No deja de ser un medio de acceso importante, pero a la larga perdemos algo fundamental en el acceso a la obra, y es la visualización de su proceso de creación. Por ejemplo, mediante la observación del trazo del pintor.

El trazo de Van Gogh

Y caí en ello al mirar con detenimiento “Cypresses”, una obra de Vincent Van Gogh pintada en 1889 -tienen el detalle en la imagen que está justo arriba de este párrafo. Me quedé largo rato observando sus diferentes trazos y la técnica de uso del color. Fue, al menos para mí, una oportunidad enorme de recuperar el lado humano de una obra de arte. Para quienes viven en New York tal vez no sea muy importante, pero para quienes no tenemos muchas oportunidades de observar estas obras muy seguido, se trata de una oportunidad que hay que aprovechar. Y los eventos especiales organizados por instituciones locales del arte no abundan, por desgracia.

Por cierto, la visita al MET me permitió ver por primera vez “en vivo” obras de Caravaggio y George Grosz. Y, desde ya, para mí fue todo un descubrimiento dedicarme a observar, por largo rato, la composición de la obra y el trazo del artista. Se trataba, nomás, de recuperar un costado de la observación del arte que te es negada cuando accedes a las obras en las reproducciones en libros.

Por cierto, en el MET se pueden tomar fotos sin problemas, siempre y cuando no se use flash. Y hay muchos guardias en las instalaciones para cuidar este detalle -y vi varias veces que le llamaban la atención a visitantes. Debajo, una imagen de una parte del pabellón egipcio del museo.

Pabellón egipcio

Actualización I: me acabo de dar cuenta que olvidé de dar algunos detalles del museo. Está abierto de 10 a 20 horas, y se encuentra sobre un lado del Central Park; la entrada principal está en 82 y la Quinta Avenida. La entrada tiene un valor SUGERIDO de 20 dólares, pero en realidad ustedes deciden cuanto pagar. Realmente es un excelente museo, y vale la pena pagar al menos 10 dólares para ingresar, sobre todo en una ciudad donde los costos no son económicos.

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