El tsunami como oportunidad turistica

En su último libro, La doctrina del shock, Naomi Klein reconstruye una particular historia del “shock económico”, en donde vincula las teorías de la escuela económica de Chicago y Milton Friedman, los regímenes autoritarios en América Latina en las décadas del ´70 y ’80, la extensión del uso de la tortura en muchas naciones del mundo -esto incluye a Estados Unidos y su política de trato con los prisioneros de Guantánamo- y los desastres, tanto los naturales como los provocados. Éste último punto es el que más nos interesa en esta entrada. Las catástrofes naturales pueden causar tal conmoción en muchos lugares que, a partir de lo planteado por Klein, pueden permitir a ciertos sectores de la sociedad llevar a cabo procesos repentinos de transformación que perjudiquen a los habitantes más pobres.

El caso que Naomi Klein usa para pensar las relaciones entre catástrofes naturales y transformaciones sociales repentinas -o sea, una política de “shock”- es el tsunami que causó centenares de miles de muertos a fines de 2004. El punto clave es Sri Lanka, en donde convivían, en las hermosas playas del lugar, hoteles de varias estrellas con los pescadores del lugar. Éstos se encontraban allí desde varias generaciones atrás, pero los empresarios turísticos ya no veían con buenos ojos su presencia; preferían una playa despejada, sin cabañas ni “olor a pescado”. El lugar principal de conflicto era la bahía de Arugam.

El tsunami de fines de 2004 fue la oportunidad de “limpiar” la playa. El agua destruyó las cabañas y mató a una gran cantidad de habitantes de Sri Lanka, en particular los que vivían cerca de la playa. No pasó mucho tiempo antes que aparecieran medidas que tendían a satisfacer las demandas de los hoteles: no se permitió a los pescadores volver a sus lugares, y las playas fueron cercadas y privatizadas. El gobierno de Sri Lanka aseguró que los pescadores serían llevados a lugares “más seguros”, y para ello usarían buena parte del dinero donado por muchas personas en todo el mundo.

Sé que más de un lector dirá que la reconstrucción de Klein puede ser muy sesgada, y demasiado interesada en mostrar el grado de relación entre desastre natural y explotación comercial de ese desastre para favorecer al capital transnacional que se encuentra detrás de muchos de estos establecimientos hoteleros. Pero algunas de las cosas que cita son realmente impactantes. Para el libro ella entrevistó a Seenivagasam Kalaiselvam, director general del Consejo de Turismo de Sri Lanka. Sus declaraciones son muy impactantes:

En el pasado, en el cinturón costero, había muchos establecimientos no autorizados (…) construidos al margen del plan de turismo. Con el tsunami, ocurrió algo positivo de cara al turismo y fue que la mayoría de los establecimientos no autorizados (fueron) afectados por tsunami, y esas construcciones dejaron de estar allí.

Intentar pensar como el tsunami puede ser pensado como una “oportunidad” para el turismo, a pesar de que causó miles y miles de muertos, es imposible si obviamos las relaciones entre mercado turístico, política y acumulación económica. Que un desastre natural sea la “oportunidad” para que ciertos sectores se puedan apropiar rápidamente, a su favor, de zonas turísticamente atractivas de un país, es algo que va mucho más allá de una simple “oportunidad comercial”. El marco para pensar estas transformaciones repentinas se relaciona con lo política, la economía, las relaciones sociales y de clases. Cuestiones que exceden al mero marco del turismo, claro, y que dan para mucho análisis futuro.

Bibliografía

Klein, Naomi (2007) “Despejar la playa” en La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre. Buenos Aires, Paidós.

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5 comentario

  1. “Intentar pensar cómo el tsunami puede ser pensado como una “oportunidad” para el turismo, a pesar de que causó miles y miles de muertos…”
    Lo mismo podría trasladarse para otro tipo de “catástrofes”. Se me ocurre pensar en el recientemente inaugurado Museo de la Memoria en el ex centro clandestino de detención que fue la ESMA y en donde se torturó y se asesinó a miles de argentinos. ¿Estará próximamente la visita a ese Museo comprendida en los tours que se hagan de Bs As?

  2. Apreciado Jorge,
    Gracias por el magnifico post.
    “El peor enemigo del hombre es el mismo”.
    Cuando se trata de marcas, y negocios, hay que ver la imaginacion que tiene el empresariado de hosteleria.
    Pero la mayor depredacion del ecosistema no es la destruccion de la selva amazonica, (que tambien), son los paisajes del mundo ocupados por singulares edificios dedicados a generar sueños, experiencias y demas monsergas, llegara un dia que el “todo vale” se terminara, sera entonces que se vera la capacidad real de posicionarse en el negocio.
    No me considero un taliban ecologico, pero si que relativizo las situaciones, usar patrimonios publicos para fines mercantiles, es un viejo recurso que me lleva a la etapa de los fariseos en el templo.
    Saludos cordiales.

  3. Parece cruel, porque lo es. Pero aunque lo llamen turismo y lo relacionemos con conocer, explorar, aprender de otras culturas… para quienes se dedican profesionalmente a él no es más que un negocio, y los negocios son crueles, puesto que lo único que importa es cuadrar las cuentas de resultados.

  4. Pingback: Tsunami: oportunidad para "limpiar la playa"

  5. Recordemos que la actividad turística es administrada, programada, planeada, controlada y ejecutada por hombres.
    El turismo puede llegar a ser muy positivo para una localidad cuando se sabe administrar y planear, pero también es una gran plaga cuando existe monopolio y prevalece los intereses de unos pocos sobre los intereses de los pobladores en donde se desarrolla la actividad.Cuando se habla de turismo, ses afirma que los hoteleros y proveedores de servicios turísticos deben trabajar conjuntamente en procura del desarrollo sostenible de la comunidad y de contribuir en mantener la armonía entre turistas y prestadores de servicios, esto sería lo ideal y lo ético , pero lamentablemente ocurre lo contrario…el turismo corrompe y prostituye los valores.

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