Un dia en Starbucks Lima

¿Por qué pagar 2,55 dólares por un capuccino grande en Starbucks, si en otras cafeterías se puede pagar mucho menos? A partir de una propuesta de este tipo, Tim Hartford analiza la relación entre café y ubicación de los locales en ciudades como New York, Londres y Tokio. Y la razón es simple: porque los locales de Starbucks están ubicados de manera privilegiada en lugares de mucho tránsito de empleados y trabajadores. Si pueden cobrar ese precio es porque, justamente, al lado no hay nadie que venda por menos con una calidad similar.

Lo primero que pensamos es que, si las cafeterías cobran esos valores por estar bien ubicados, es que realmente están ganando muchísimo dinero. Y aunque compañía como Starbucks ganan dinero, no ganan tanto como muchos imaginan. Si se tiene en cuenta que buena parte de las ventas dependen de la buena ubicación de las cafeterías, eso pone a este tipo de empresas en duras negociaciones con aquellos que alquilan esos locales, y que piden altos valores para rentarlos. La explicación es bastante simple: lo escaso son las propiedades bien ubicadas, no las cafeterías. Buena parte del valor del precio pagado por el café termina en los bolsillos de quienes alquilan esos locales.

La idea es interesante: el poder de negociación viene de la escasez del producto que ofrecemos. Y esta es una idea que se puede extender a la explotación de locales turísticos en las ciudades. Justamente, si éstos cobran precios altos, en buena parte se debe por su ubicación privilegiada en los lugares más visitados por los viajeros. Pero también porque los precios de los alquileres en esas zonas, justamente, son altos porque los alquileres también lo son. Ojo, no es la única razón; pero es un costo muy relevante de cualquier negocio en zonas turistificadas. El “alto valor del alquiler” no es arbitrario. Tiene su razón de mercado en dos puntos: en que es un bien escaso, lo que da mucho poder de negociación a quien alquila; y se sabe que esa ubicación permitirá buenas ventas y ganancias. Sobre todo porque muchos turistas no están tan atentos a los precios; y más si se trata de personas que vienen de países con una moneda con fuerte poder de compra.

Las referencias a Tim Hartford están basadas en “¿Quién paga tu café?”, el primer capítulo de su libro El Economista Encubierto, que compré la semana pasada (cuesta alrededor de 40 pesos en las librerías de Buenos Aires, unos 13 dólares). Ya había citado el libro en mi entrada de ayer, así que ya son demasiadas referencias por ahora, creo.

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