El planificado sufrimiento de las clases economicas

¿Por qué muchas veces optamos por pagar pasajes más caros en los medios de transporte? La primera respuesta que se nos ocurre, por lo general, es que queremos estar más cómodos. Por ejemplo, cuando tenemos por delante un largo recorrido, contar con un asiento amplio y reclinable es algo que nos permitirá descansar mejor, dormir un poco, y eventualmente permitir que a lo largo del viaje encontremos varias posiciones posibles de descanso para el cuerpo.

Pero como se pregunta Tim Hartford en El Economista Encubierto, su libro recientemente editado en español, también hay otras formas de pensar la relación entre clases ejecutivas y económicas -o primera y segunda- en el transporte de larga distancia. Para lograr que aquellos viajeros menos sensibles al precio acepten pagar más por ciertas comodidades, hay que lograr que éstas mantengan una clara diferencia con respecto a las formas más económicas de viajar. Al fin y al cabo, para muchas empresas, introducir algunas mejoras para aliviar el recorrido de sus ofertas más baratas tampoco es tan prohibitivo. Asientos un poco mejores o una comida de mejor calidad no son cosas inalcanzables. ¿Entonces?

El punto es que, para que los viajeros dispuestos a gastar más finalmente lo hagan es la percepción de la diferencia de comodidad con respecto a aquellos que gastan menos en pasaje. O, para decirlo de manera más simple, para que las empresas de transporte vendan tickets más caros, los pasajeros de segunda deben sufrir. Hartford sostiene que los clientes más ricos no deben ser tentados a comprar los pasajes más económicos, y para ello, la mejor estrategia es sabotear intencionalmente la calidad de los servicios que se pagan menos. La razón de presentar peores asientos, comida de menor calidad -o ausencia de ésta- y pobres instalaciones en general no tiene que ver tanto con ahorrar en costos de materiales e insumos; más bien, está destinado a disuadir de su uso por parte de aquellos que tienen la posibilidad de gastar más. Esto se extiende, incluso, a las salas de embarque de los aviones. Como sostiene Hartford, la mala calidad de muchas de ellas justifica el gasto en pasajes más caros por parte de muchos ejecutivos, que de esa manera acceden a instalaciones de espera mucho más cómodas.

El libro de Hartford tiene puntos interesantes -y otros discutibles, por cierto- pero seguramente volverá a aparecer en este blog, sobre todo por sus consideraciones sobre las relaciones entre economía, escasez y cafeterías como Starbucks.

Referencia bibliográfica

Hartford, Tim (2007) El Economista encubierto. Buenos Aires, Planeta. Las referencias hechas en esta entrada se encuentran entre las páginas 68 a 73.

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Un comentario

  1. Octubre 25
    Reply

    Mi conclusión, desde el punto de vista del viajero “económico”, es que no me merece la pena pagar mucho más por un servicio un poco mejor. :D

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