En este blog hemos insistido muchas veces en establecer relaciones entre el mercado turístico y la política. En buena parte, eso se debe a una especie de ceguera, en muchos medios especializados en turismo, en analizar y dar cuenta de esos cruces. Y el tema de la recolección masiva de datos de turistas que desde hace un par de años viene realizando el gobierno estadounidense es probablemente uno de los temas políticos que más debería preocupar a quienes forman parte del segmento del turismo. De acuerdo a lo publicado por The Washington Post, a partir de las potestades otorgadas por la ley de Seguridad Interior aprobada tras los atentados de 2001, el gobierno recolecta y almacena por 15 años datos sobre qué tipo de viajes realizan los ciudadanos estadounidenses, qué tipo de cosas llevan en sus valijas, incluso los libros que cargaban. Si bien la nota no lo aclara, es de suponer que tal almacenamiento de datos alcanza a todos aquellos que llegan a suelo estadounidense.

¿Y porqué guardar datos como los contenidos de los equipajes, nombres de libros o destinos visitados por los viajeros? Evidentemente, uno de los intereses es de crear perfiles personales, y ver quienes son sospechosos de cometer atentados terroristas. La discusión, claro, es hasta donde llegará el gobierno estadounidense a la hora de acumular datos sobre cualquier turista, y si esa obsesión por la vigilancia no es una amenaza a las libertades civiles. Y también, si toda esa recolección no terminará en manos de organismos más interesados en el control político interno que en evitar potenciales amenazas a la seguridad.

Los datos de los viajeros son obtenidos desde varias fuentes. Por ejemplo, las revisiones de equipajes en los aeropuertos, pero también desde sistemas comerciales como Galileo y Sabre, que brindan información para las bases de datos del gobierno.

La nota es extensa, pero tiene muchos datos realmente interesantes. Pueden leerla en este enlace (en inglés). Gracias Analía por avisar de esta nota de The Washington Post.

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