barcelona. sagrada família. 1

Primera la cita del texto de Rodrigo Fresán, y que se publicara la semana pasada en Página/12, un diario de Buenos Aires:

“Escribo esto en la mitad del terrible mes de agosto y en el centro de una ciudad llamada Barcelona. Y es una ciudad en problemas: apagones colosales, trenes que no funcionan, aeropuertos colapsados y –lo peor de todo– hordas de turistas que llegan atraídos por lo que ellos entienden como “el estilo mediterráneo? y que parecen decodificar como emborracharse barato, mear y cagar en las calles, tomar por asalto las fiestas barriales del verano y enloquecer a los residentes del lugar (bajo la mirada entre comprensiva y resignada de las fuerzas del orden con órdenes de los ayuntamientos de que no estalle la batalla a la hora del desalojo porque eso da mala imagen), lanzar alaridos a diestra y siniestra, unirse por un rato a fashion okupas para jugar al anarquista de luxe (se los reconoce por el mal uso y peor abuso de las palabras Babylon y Utopía) y alquilar bicicletas para (alentados por el mal ejemplo de nativos y residentes, hay que decirlo) montarlas a toda velocidad por las mismas veredas donde se derrumban y duermen la resaca en charcos de vómito. Y, si queda tiempo, un poquito de Gaudí. Consecuencias de los modales permisivos de una ciudad que ya desde hace unos cuantos años viene abriéndose de piernas al visitante y que se la aguanten como puedan los locales”.

Los conflictos entre habitantes locales y turistas no tienen nada de nuevo, y son tan viejos como el turismo mismo. Por lo general, en todos los destinos que tienen una gran cantidad de visitantes la mirada sobre ellos está cargada de desprecio. Buena parte de los locales los toleran sólo porque traen dinero. Claro que el gran tema se da con los habitantes de la zona que no reciben mayores beneficios directos por parte del turismo, y que muchas veces suele lograr imponer una serie de restricciones a los visitantes en nombre de la “paz del lugar”. Por ejemplo, volcar mucha más polícía a la calle, instaurar horarios de cierre para los bares, prohibición de la venta de alcohol en determinados tipos de comercio, y expulsión de cualquier “indeseable” de las calles -por ejemplo, aquellos que llegan a la ciudad sin demasiado dinero como para pasar la noche en un hotel. Si, ya sé que estoy generalizando mucho, pero este tipo de “llamados al orden” en el tema del turismo se ha dado en una buena cantidad de destinos.

Pero como la visión de Fresán es un tanto personal, siempre queda el margen para dar cuenta de la polémica. Más allá de que el tono de su columna de opinión es casi la de un abuelito rezongando sobre la “juventud de hoy en día”, seguramente alguno de los lectores del blog pueda ayudar a dar un panorama un poco más amplio sobre el tema Barcelona y el “descontrol turístico”. Ya saben, pueden dejar sus aportes en los comentarios, porque desde lejos y sólo mediante los diarios no podemos tener una imagen demasiado completa del tema.

La nota de Rodrigo Fresán en Página/12 la pueden leer en este enlace. Para quien no lo conozca, Rodrigo Fresán es un periodista y escritor argentino que reside desde hace varios años en Barcelona. Más información en Literatura.org. La imagen de la Sagrada Familia por deep_schismic.

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