Son una especie muy particular de viajeros: son los adoradores de sellos en su pasaporte. A veces parece que sólo viajaran para lograr tener más y más de ellos, y no tanto para conocer o descansar. Apenas pasan una frontera o hacen un trámite en el aeropuerto, se detienen un momento a ver su nueva adquisición. O estallan de rabia al ver que les han superpuesto el sello sobre uno anterior. Porque nada les molesta más que esos desaprensivos empleados de aduana que sellan en cualquier lugar.

Nada molesta tanto al coleccionista de sellos de entrada y salida en el pasaporte que la obligación de renovarlos. Viajar con un pasaporte en blanco es casi una tortura que hay que ocuparse de remediar rápido.

Ahora, la gran pregunta es: ¿para qué sirve un pasaporte lleno de sellos? Algunas ideas:

1) Para alardear en esas fiestas de viajeros donde todo el mundo viajó mucho más que nosotros.
2) Para sacarle fotos y subirlas a Passport Stamps and Visas, el grupo de Flickr.
3) Para integrar esos clubes de personas que han visitado más de cien países.
4) Para mejorar la autoestima.

¿Se les ocurre alguna otra razón?

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