Debe ser el objeto más temido por muchos viajeros que visitan Bolivia, Brasil o Perú: las duchas eléctricas. El sólo pensar en mezclar agua y electricidad basta para poner muy nervioso a más de uno. En particular en Bolivia no hay forma de evitarlas: están en todo tipo de hoteles, incluso en los que no son tan baratos. En los residenciales más económicos no suelen estar instaladas de manera muy elegante, y el sólo verlas causan temor.

Pero las duchas eléctricas, al menos como suelen aparecer en Bolivia, tienen una serie de características que se repiten:

1) El agua nunca sale muy caliente. Más bien, apenas tibia. Y siempre y cuando abramos el paso del agua de manera muy moderada. De hecho, a manera de chiste, siempre decíamos que en los residenciales económicos en Bolivia “agua caliente” era la denominación para “agua no helada”.

2) En muchos lugares la instalación puede ser calificada como “precaria”. Eso significa que los cables están a la vista, sin aislación, y en muchos casos hechos una maraña. Hay que tener cuidado de no levantar muchos los brazos y tocar esa parte, porque podés recibir una advertencia bajo la forma de descarga eléctrica.

3) Suelen estar colocadas a una altura realmente baja, o cómoda sólo si tu altura está por debajo de 1,65. Hay que bañarse en cuclillas, y a la hora de enjuagarse el pelo hay que tener cuidado de no levantar demasiado la cabeza.

Las duchas eléctricas no sólo están presentes en Bolivia. Se las puede encontrar en buena parte de América Latina. En ciertos países, como Brasil, en general las he visto mucho mejor instaladas. Pero la idea de mezclar agua y electricidad nos sigue provocando bastante temor. A pesar de que las probabilidades de electrocutarse con cualquiera de ellas es realmente remota.

La foto que abre la entrada fue publicada por Nomadical en su cuenta de Flickr. La instalación de la imagen es más que correcta :).

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