Leía hace un par de semanas en China. El imperio de las mentiras, de Guy Sorman:

Otro modo de eliminación de las religiones pasa por su museificación: los templos taoístas (…) son controlados por las oficinas del Ministerio de los Viajes y el Turismo (…) El gobierno actúa de la misma manera en el Tíbet, transformando el sentimiento nacional y religioso en atracción: ¡es de temer que el turismo destruya el budismo tibetano mucho mejor que el Ejército Popular!

Hace unos minutos, me encontré con esta noticia de Reuters:

El número de turistas que visitó en el primer semestre del año el Tíbet, en la remota región del Himalaya, casi se duplicó hasta alcanzar un millón de personas, gracias a una nueva línea ferroviaria y al recién estrenado aeropuerto, informó el martes la agencia de noticias Xinhua (…) Los activistas tibetanos han advertido de que el turismo y la inmigración china podrían acabar con la cultura propia y provocar que los habitantes de la región reciban un número de trabajos y beneficios menor de lo que les correspondería. China, que espera que el número de turistas que visitan el Tíbet alcance los seis millones en el 2010, está construyendo un cuarto aeropuerto en Ngari, en el oeste, que será el situado a mayor altura del mundo.

Y pensar que cada tanto recibo algún correo electrónico con quejas porque hago “demasiadas” vinculaciones entre turismo y política…

Bibliografía
Sorman, Guy
(2007) China. El imperio de las mentiras. Buenos Aires, Sudamericana.

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