Cada vez que un nuevo medio irrumpe en la sociedad, siempre hay expectativas un poco exageradas sobre ellos. Cuando Internet comenzó a crecer, muchos esperaban que reemplazara cualquier tipo de formato o transacción física. La explosión de la burbuja de Internet allá por 2000 terminó con esas desmedidas ilusiones. Pero muchas veces queda un poco oculto otro hecho interesante de los nuevos medios: que muchos agentes buscan lograr que hagan el papel de los viejos medios. Por ejemplo, en el caso de Internet, no sólo se esperaba que reemplazaran a los soportes físicos; también querían que cumplieran su mismo rol.

Varios años después de que Internet ganara mucho espacio en nuestra vida, las guías de viaje aún gozan de buena salud. A pesar de la enorme producción de contenidos en la Red y la sobreabundancia de datos, no hemos logrado alcanzar la mayor virtud de las guías: la organización de la información en un formato cómodo y que puede consultarse rápidamente. Es por ello que buena parte del futuro de las guías de viajes se concentra en su capacidad de formalizar, organizar y ordenar el conocimiento necesario para visitar ciertos destinos. Para ello, es necesario contar, desde ya, con buenos gestores de la información. Y que son, claro, los editores y escritores encargados de las guías.

Probablemente sea la manera de organizar la información el mejor capital de guías como las Lonely Planet. No sé a ustedes, pero a mí me pasa que me acostumbré tanto a su estilo de presentar los datos, que no me puedo adaptar cuando tengo en mis manos productos de otras empresas. A esta altura, no sé si son mejores o peores que las de la competencia. Pero tengo la certeza que puedo, en pocos minutos, acceder a una cierta cantidad de información ordenada de una manera conocida.

Aunque muchos lo anuncien, y aunque los viajeros cada vez usen más Internet para organizar sus recorridos, las guías de viajes todavía tienen un papel clave en este mercado. Incluso cuando muchas veces desconfiemos de la honestidad de sus datos o las odiemos por tener información muy desactualizada apenas tres meses después de haber salido.

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