Una noticia publicada hoy en Hosteltur cita un estudio por el cual los usuarios de Internet toman muy en cuenta las opiniones negativas sobre empresas, como las que se pueden hallar en foros y blogs. No se puede decir mucho del estudio, ya que no se cita ni el tamaño de la muestra o en que lugar se hizo, o como se seleccionaron los entrevistados. El punto que en realidad me interesa va un poco más a una cuestión particular: que si no vamos a comprar algo porque encontramos una opinión negativa, realmente no adquiríamos producto alguno. En las investigaciones que hago en Internet antes de viajar, reviso opiniones sobre posibles hoteles y destinos, y siempre encuentro opiniones a favor y en contra. Al final, no hay nada que me convezca demasiado, y me dan más ganas de dejar de buscar y optar a ciegas que seguir revisando. Y en algunos rubros, como los electrodomésticos, es aún peor, y la diversidad de opiniones es apabullante.

Estoy de acuerdo que como usuarios de Internet le damos mucha importancia a las opiniones negativas sobre productos y empresas, pero me parece que a medida que es más fácil encontrar todo tipo de pareceres, estamos aprendiendo a ser más exigentes con esas revisiones. El punto es que, a medida que crece la cantidad de opiniones, el tiempo que dedicamos a buscar se hace cada vez mayor, y los saberes necesarios para distinguir entre “opiniones relevantes” y “no relevantes” se hacen cada vez más sofisticados.

Alguna vez, poder opinar en la Web era toda uno novedad. Ahora, que ya es una commodity, el tema no es tanto encontrar revisiones de productos; más bien, es hallar las más valiosas (gracias José por el aviso de la nota de Hosteltur).

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