Sigue el tema del conflicto entre Etiopía, que quiere registrar una serie de nombres de variedades de café en todo el mundo, y Starbucks. La compañía dice que la medida no es razonable, ya que nombres como “Sidamo”, “Yirgacheffe” y “Harar” son en realidad genéricos, y más bien prefiere el método de certificación geográfica. Es que de poder registrar a su favor esos nombres, Etiopía comenzaría a recibir más dinero por el uso de una marca registrada, y Starbucks tendría que pagar más. Al menos más que ahora; se estima que en la actualidad las variedades de café etíope se venden a 24 a 26 dólares la libra, pero los cultivadores reciben de 0,60 a 1,10 dólares. Suena a diferencia demasiado amplia, aunque es evidente que este problema tiene varios responsables.

Más en una extensa y bien documentada nota de Spiegel Online, en inglés (gracias ?ngeles por el aviso). Y prepárense para otro artículo sobre el tema del café, porque conseguí Black Gold, la película de la que hablé hace pocos días, y espero verla pronto.

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