Un par de martes atrás, en plena ola de frío en Buenos Aires, fui a la Embajada de Estados Unidos para solicitar la visa de turista. Sé que me dirán: “y para qué ir a Estados Unidos de viaje, si te hacen rendir examen? Mejor vas a Europa, donde ni visa te piden”. Al menos por ahora, los argentinos entramos a Europa sin necesidad de visado. En mi caso, no es una cuestión de simple turismo; mi esposa tienen buena parte de su familia en New Jersey, y quiere visitarlos para Navidad. Están todos tan desparramados por el mundo que el único lugar donde se reúnen es Skype. Como ella ya tiene su visa, me tocaba el turno a mí. Y así, hace un par de martes llegué a las siete de la mañana a la embajada, donde media hora después tenía cita para la entrevista. La temperatura era menor a cero grados, así que me congelé un buen rato afuera.

Para quienes nunca han pedido la entrevista para la visa, cuento brevemente los pasos que hay que seguir en Argentina. Primero, hay que comprar un PIN para tener derecho a 12 minutos de comunicación telefónica, que se pueden dividir en más de una llamada si es necesario. El PIN cuesta 15 dólares, y se puede pagar con tarjeta de crédito directamente por teléfono o en los comercios adheridos a Pago Fácil. En esa comunicación les van a dar una fecha para la cita y les recordarán todo lo que hay que llevar. Luego, ingresan a la página de embajada en Buenos Aires y completan los formularios; uno se envía directamente por Internet, y otro se imprime para llevar a la entrevista. Luego, hay que ir a un cajero automático o al Banco Ciudad y pagar los 100 dólares por el derecho a entrevista. Ese dinero no se devuelve si el pedido de visa no es aceptado. Al menos en estas épocas están tardando poco tiempo en dar la cita; y un par de días después del llamado ya pueden estar en la puerta de la embajada.

El tema de las entrevistas en la embajada de Estados Unidos es todo un tópico en América Latina. Sé que incluso hay páginas que venden “consejos” para pasar ese trámite. Pero no hay mucho que saber: hay que demostrar solvencia económica y, sobre todo, que uno tiene fuertes lazos con su lugar de residencia, y que no se quedarán a vivir en Estados Unidos de manera ilegal. Se recomiendan llevar comprobantes de todo; así, en la cola, todo el mundo porta su carpeta. También hay que llevar pasaportes anteriores, sobre todo si ya tienen entradas anteriores a Estados Unidos, aunque hayan sido en la época en que los argentinos no necesitábamos visa.

La entrevista no duró mucho más de dos minutos. Las preguntas fueron sobre temas que eran de esperar: a qué iba, de qué trabajaban los hermanos de mi esposa -eran los contactos en el formulario-, a qué me dedico y cuánto gano. Como hace poco gané una beca de doctorado en la UBA, marqué ese punto como relevante a la hora de dar cuenta de mis razones para volver, y mostré los recibos de sueldo de mis trabajos en blanco, que no son nada llamativos.

Un par de minutos después, estaba en la cola de DHL, donde hay que pagar 25 pesos más para que te envíen el pasaporte a tu casa. La visa fue otorgada por 10 años.

Ahora mi familia política se podrá reunir en Navidad. Si fuera por turismo, ni en sueños se me ocurre pasar tanto trámite y gastar tiempo y dinero en obtener esta visa. Pero ahora que los objetivos familiares están cumplidos, queda el lado viajero: parece que por fin, hacia fin de año, podré conocer New York -hasta ahora sólo tengo en mi lista de ciudades estadounidenses visitadas a Los Angeles y Denver. Y quien sabe, tal vez vea el fin de año en Times Square. Ahora viene la parte más sufrida: ahorrar. En eso estamos. Aunque por ahora soy un turista certificado. Después de hacer este trámite, seguro que levantan la necesidad de visado para los argentinos :P.

Anuncios