En muchos lugares de América Latina hay una larga tradición de casinos y salas de juegos. Pero mientras los más antiguos y tradicionales tienen una austera y clásica forma de presentarse, sobre todo en el exterior de los edificios -un buen ejemplo sería el casino de Mar del Plata, Argentina, uno de los más tradicionales del país-, los que han surgido en las últimas dos décadas tienen un claro referente en ciertos símbolos e iconos asociados a Estados Unidos.

Un buen ejemplo es la zona de casinos de San Luis, la capital de la provincia argentina del mismo nombre. Uno de ellos optó por recrear toda una representación estereotipada de New York, que incluso acumula símbolos disímiles en pocos metros de espacio. Por ejemplo, esta estatua de la libertad junto a un taxi amarillo de hace varias décadas, que muchos han visto en las películas más clásicas de Hollywood.

Hasta aparecen los carteles en las calles, y las entradas al metro de esa ciudad, como en la imagen que se encuentra debajo.

Pero no todo es clasicismo, e incluso se busca recrear alguna imagen moderna asociable a New York; en este caso los grafittis y la referencia a la cultura del hip hop y el rap.

Desde ya, hay una gran cantidad de hipótesis que se podrían plantear por esa especia de obsesión por la referencia a Estados Unidos en los casinos construidos en la región en las últimas dos décadas. Se trata de un tipo de representación que se puede encontrar en las salas de juego ubicadas en Lima -una de ellas incluso tiene su estatua de la libertad en la parte superior- o en el casino Trilenium de la localidad bonaerense de Tigre, en Argentina. Los casinos adoptan así una fisonomía muy particular, y que hemos visto muchas veces en las películas: la de Las Vegas, la referencia imposible de eludir a la hora de hablar de una urbe destinada al juego. De la misma forma en que Las Vegas ha creado todo un estilo de “clonar” sitios y lugares con una representación bien precisa en el imaginario de muchas personas en todo el mundo -Venecia, París, Egipto- las salas de juego en América Latina se someten al mismo estilo de decoración y de “elección temática” a la hora de crear una nueva sala. New York, el “lejano oeste”, Hollywood, entre otras referencias asociables a la cultura estadounidense.

Ese “clonado” de características sigue el modelo de Las Vegas al tomar un corpus de representaciones sobre un espacio y cultura, y ponerlo al servicio del entretenimiento y la diversión de las personas, pero también para potenciar el atractivo de una de las industrias más rentables del mundo, como es el juego.

Usar determinadas representaciones sobre Estados Unidos tiene, claramente, una serie de ventajas para quienes proyectan estos casinos. Por un lado, apelar a una serie de imágenes reconocibles para cualquier televidente, haya o no visitado ese país. Ciertos símbolos, como la estatua de la libertad o los taxis amarillos, son fácilmente asociables con New York. Y todo es presentado en un modelo Las Vegas, que adapta a los símbolos y representaciones a un espacio destinado al juego y la diversión, y donde una réplica de la Torre Eiffel puede ser ubicada a metros de una pirámide egipcia. Todo se comprime en pocas referencias, y el espacio y el tiempo es redefinido en función de su utilidad comercial.

Para otra ocasión podemos dejar las lecturas políticas. Pero es claro que no se puede separar el enorme poder la industria cultural estadounidense y su capacidad de difusión con estas representaciones del juego y la diversión. Los casinos, en todo caso, no son más que uno de los referentes que podemos tomar a la hora de analizar ese tipo de fenómenos.

Las fotos de la zona de los casinos me fue enviada por Clarisa Herrera Lafaille, que cursó mi seminario de Comunicación y Viajes en la Universidad de Buenos Aires, y que tiene la suerte de viajar por las provincias argentinas y trabajar a la vez :).

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