Que el control del espacio es una de las bases para la rentabilidad de muchos negocios no tiene nada de novedoso. En el caso del turismo, se trata de un dato fundamental, en tanto la ubicación de una explotación turística puede ser la razón de su éxito o fracaso. Pero en algunas ocasiones, ese control del espacio se vuelve un verdadero problema, que incluso puede vulnerar las leyes. Y la edición de ayer del diario argentino Perfil brinda dos ejemplos.

En el primer caso, varios lagos en las cercanías de Bariloche, en la provincia argentina de Río Negro, fueron cerrados al acceso público, a pesar de que se trata de una medida ilegal. Como varios de ellos se encuentran dentro de una propiedad privada, los dueños de los campos adyacentes optan por cerrar los caminos de acceso a las playas, pese a que la legislación considera a esos sitios como espacios públicos. En particular, ya habido agresiones contra personas que han querido llegar hasta la costa del Lago Moreno. Los vecinos de la zona se han movilizado para obtener nuevamente el acceso público, y las autoridades municipales se comprometieron a quitar toda barrera de acceso, pero habrá que ver si cumplen.

El segundo caso se da en la provincia argentina de Tucumán, donde el secretario del presidente Kirchner, Ricardo Barreiro, está construyendo un hotel en tierras que la comunidad local de indígenas Quilmes reclama como suya. La construcción se ubica en el hermoso pueblo de Amaicha del Valle, uno de los más interesantes de la provincia. Más allá de la discusión sobre la legalidad o no del emprendimiento, es interesante ver como se desata aquí un conflicto por la apropiación del espacio con fines a explotarlo turísticamente.

La primera de las notas apareció en la sección Sociedad; la segunda, en Política, debido a la participación en el tema de alguien cercano a los Kirchner -Perfil tiene una cobertura muy crítica del gobierno, aclaración que me parece importante para quienes viven fuera de la Argentina. En ambos casos lo que aparece una interesante relación entre espacio y turismo, que deriva en un claro conflicto entre partes. Desde ya, queda claro que el problema central no es el espacio; lo relevante son las ganancias futuras de explotar esos sitios privilegiados, incluso cuando otros los reclaman o alguna ley pueda ser vulnerada.

Ninguna de estas dos noticias podría haber aparecido en un suplemento o sección de turismo y viajes. Allí no hay lugar para el conflicto; todo se limita a reproducir pacíficas descripciones de lugares y destinos, muy de acuerdo a las necesidades de las empresas del sector a la hora de vender. Todo aquello que involucre algún conflicto relacionado con el sector turístico es automáticamente expulsado a otras secciones. Al parecer, porque en esas secciones se puede cubrir de manera periodística el tema; o sea, contrastar fuentes, averiguar datos, dar cuenta de la historia del problema, enfatizar lo conflictivo del problema. Tal abordaje turístico parece estar prohibido para la prensa especializada en turismo, con poquísimas excepciones. Es que parece que en las secciones dedicadas al tema, a esta altura, ni periodismo se puede hacer.

La nota sobre los lagos en Bariloche se puede leer en este enlace. La segunda, sobre el hotel de Amaicha del Valle, en este enlace.

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