La semana pasada me encontré que un hostel de Buenos Aires tenía una cuenta en Twitter, esa especie de particular mezcla entre miniblog y mensajería asincrónica. La idea es interesante, y muestra que este tipo de plataformas podría ser usada, por ejemplo, para tener un mayor contacto con los clientes y viajeros, en particular para un tipo de residencial que apunta a un público más bien joven. Pero el problema es que aprovechar una plataforma no basta; los textos de las breves entradas -Twitter sólo permite publicar hasta 140 caracteres, porque está pensado para usarlo vía SMS en celulares- eran simples frases con mucha intención publicitaria. Y de eso no se trata; si vas a crear un usuario en alguna red social en la Web, la idea es contactarse con tus clientes -los que ya han sido y los potenciales- para ofrecer algo interesante, y no simples avisos.

O sea: bien por atreverse a usar Twitter, pero mal por apuntar a una forma más informal de contactarse con los viajeros, y olvidarse del lenguaje de la publicidad tradicional.

Y por cierto, ya hace un buen tiempo que tengo mi usuario en Twitter; lo pueden encontrar en este enlace.

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