Un rasgo que se encuentra en muchos lugares de América Latina -y en unos cuantos países fuera de la región- es que el consumo de cerveza no se mide por el estilo de la cerveza -ale, stout, pilsen- sino por la marca. La mayor parte de las personas no tienen ni idea de que tipo de cerveza están tomando, en particular con respecto a las variedades de rubias. Si bien en los últimos años ha crecido mucho el peso de las cervecerías más pequeñas, ligadas a la producción artesanal, su peso en el mercado sigue siendo decididamente muy pequeño.

¿A qué se debe esa falta de mayor especialización a la hora de beber cerveza? ¿Por qué tomamos marcas y no variedades? ¿Por qué una enorme cantidad de personas ni siquiera sabe que hay muchas variedades de cervezas, tantas como de vinos? Es interesante ver como el peso del marketing, construido sobre las marcas, ni siquiera ha servido para lograr que muchas de ellas asocien su nombre a una variedad. En Argentina, por ejemplo, muchas personas toman Quilmes, y punto. ¿Cuál es la variedad de esta cerveza? Si bien es cierto que en los últimos años esta empresa, propiedad ahora de Ambev, ha intentado poner en el mercado alguna nueva variedad -por ejemplo, la Quilmes Stout-, el intento es apenas algo aislado. No parece que haya planes, en los próximos meses, de tener nuevas etiquetas. Así, el mercado argentino de cervezas no tiene ninguna cerveza roja, por ejemplo. Y las oscuras suelen llevar nombres genéricos, con alguna excepción. Para lograr tomar variedad bien identificadas, hay que apuntar a marcas más pequeñas y artesanales, como Otro Mundo, Antares, Barbarroja, Blest, Otto Tipp, Patagonia, etc. El gran problema, claro, es el precio, que puede ser cinco o más veces máss caro que el de una marca masiva.

Muchos trabajos de antropología del consumo han mostrado como nuestra apropiación de los productos que compramos se ha hecho cada vez más sofisticada. Pero ese fenómeno, al menos en el mercado de la cerveza, todavía parece poco relevante, sobre todo si se compara con el nivel de sofisticación que ha alcanzado esa diversidad en el segmento de los vinos. Y estoy hablando de países donde existió un fuerte consumo de vinos de mesa, que apenas si se distinguían alguna vez por “tinto” y “blanco”.

Quien sabe, en algunos años comenzaremos a ver mayor diversidad en el mercado de las cervezas masivas en América Latina. Pero me parece que por un tiempo me tendré con conformar con tomar mis cervezas rojas o las stout bien tostadas en cervecerás artesanales. Lo cual, por cierto, no tiene nada malo mientras tenga con qué pagarlo :). Y por supuesto son bienvenidas las sugerencias de buenas cervezas artesanales.

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