Quejarse del servicio de las aerolíneas es algo bastante usual entre los turistas; si bien muchas de ellas tienen buena calidad de atención, no es nada raro encontrarnos con demoras, escalas inesperadas y vuelos sobrevendidos. Por ello, en The Wall Street Journal (vía Yahoo! News, porque el original es sólo accesible mediante suscripción paga) Scott McCartney da una serie de consejos interesantes sobre qué cosas tomar en cuenta a la hora de quejarse. Primero, no decir “en esta aerolínea no vuelo más”. Es simple: la empresa no tendrá ningún incentivo para solucionar el tema, ya que se trata de un cliente perdido. Además, en muchas rutas no hay muchas líneas aéreas para elegir, y probablemente todas sean tan malas como la que le tocó en suerte. Segundo, ser realista, y pedir compensaciones por problemas serios y que hayan acarreado perjuicios ecónomicos comprobables. Por ejemplo, tener que pagar una noche de hotel, haber perdido una reunión de trabajo o sufrir un descuento por no presentarse a tiempo en la empresa. Tercero, la mayor parte de las aerolíneas no suelen atender quejas por teléfono. Lo hacen únicamente mediante correos electrónicos o faxes, lo cual molesta a mucha gente, que preferiría tener algún contacto con un empleado de la firma.

Una de las cosas que más nos llaman la atención cuando leemos artículos como el de McCartney es lo bastante lejos que estamos en estas zonas del mundo de esos sentidos comunes ligados con el reclamo por el mal servicio. Sólo hay que pensar en todos los pasajeros que dejó varados Air Madrid, o las quejas que se pueden leer en este blog sobre el servicio de Lloyd Aéreo Boliviano para ver que muchas veces lo irregular es bastante común por estos lados. Y que en muchos casos las compensaciones recién pueden aparecer mucho tiempo después, si es que lo hacen -en el caso de Air Madrid, hasta lo que sé ni siquiera han devuelto el dinero de los pasajes no utilizados.

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