Plaza de armas de Chachapoyas 3

Hacía tiempo ya que tenía ganas de ir por Chachapoyas. El principal interés por conocer ese lugar era llegar hasta Kuelap, uno de los más interesantes recursos arqueológicos de Perú, aunque después descubrí que había bastante para ver. Aunque esa zona de Perú cada vez esta siendo más promocionada, me encontré, al momento de armar el viaje, que estaba bastante lejos de los estándares de infraestructura de Cusco u otras ciudades grandes de Perú. Vamos por partes.

El primer problema es llegar hasta Chachapoyas. Para comenzar, no hay vuelos. Si bien el aeropuerto recientemente ha sido -o está en vías de serlo- concesionado, por ahora sólo se puede llegar en bus. Desde Lima, son 21 horas de viaje. Y no hay coches cama, sólo semicama. Usé el servicio de Móvil Tours -105 soles-, y realmente no tengo quejas. Civa también tiene servicio semicama por 80 soles, pero no tengo idea de la calidad. El espacio entre los asientos estaba bien, y por suerte las 21 horas las pude hacer de manera muy cómoda. Aproximadamente unos 50 kilómetros antes de llegar a Chachapoyas, en Pedro Ruiz, se termina la ruta asfaltada. De allí en más el camino es de tierra, y no demasiado bien afirmado. De hecho, en épocas de lluvias hay bastante agua sobre la pista. En resumen: sin vuelos, con buses semicama como máxima opción y con ruta de tierra, es difícil que Chachapoyas, al menos por ahora, califique alto para el turismo internacional.

Detalle de la plaza de armas de Chachapoyas

Desde ya, esto puede no ser tan malo para quienes viajamos. Al fin y al cabo, llegar a lugares demasiado turistificados no suele ser algo demasiado placentero. Pero desde el punto de vista de los negocios, que Chachapoyas se pueda posicionar como el “segundo Cusco” todavía es algo lejano -y sobre los parecidos entre Chachapoyas y Cusco hablaré en otra entrada. El estado peruano va a tener que invertir bastante dinero en esa zona del departamento de Amazonas como para lograr algo así. Y también tendrá que mejorar sensiblemente las rutas a lugares como Kuelap, San Pablo -una de las cabeceras para caminar hasta Gocta- y otros santuarios arqueológicos. Por lo que vi, están trabajando bastante en afirmar las rutas, que son complejas de mantener en una zona con una complicado época de lluvias. Al menos es un paso.

No hay que dar muchas vueltas sobre el lugar: realmente, es uno de los sitios más interesantes y hermosos de todo Perú, lo cual realmente es mucho decir. Y tiene mucho potencial. Si bien por ahora, sobre todo por el tema de las rutas, no se puede hacer más que una excursión por día -tal vez dos en algún caso- Chachapoyas es un sitio para quedarse varios días; al menos tres, pero cinco o seis días también serían muy buenas opciones.

Enero y febrero son épocas lluviosas, y de temporada baja para el turismo. Si bien tuvimos mucha suerte y sol, esperen que para estos meses habrá mucha lluvia, y que las visitas a muchos lugares se verán dificultada. El clima es de sierra, aunque la ciudad se encuentra ya casi en ceja de selva -otro punto donde hay cierta similitud con Cusco. Por ello, una excursión a pocas de horas de la ciudad, a las cataratas de Gocta los dejará, literalmente, en un lugar muy denso en vegetación.

A nuestra llegada, decidimos buscar un lugar que al menos fuera cómodo y con baño privado, porque varias de las excursiones eran bastante exigentes en lo físico y queríamos descansar bien. Vimos tres hoteles, todos en los alrededores de la muy bonita Plaza de Armas. En el Plaza, que no estaba nada mal, nos pidieron 60 soles por la doble; en el Belén, 35 -y valía la pena, porque ese precio es muy competitivo para habitaciones que parecían muy nuevas-; y el Revash, donde finalmente nos quedamos, por 50 soles. Si bien el Belén tenía mejor precio, el Revash tenía muy buena vista a la plaza, y eso es un plus interesante. En todos los casos, nos aseguraron agua caliente todo el día, y al menos en el Revash se cumplió -aunque un día estuvimos varias horas sin agua por un problema de cañerías. Ojo: los precios son más bajos que en otras épocas del año, por ser temporada baja. Había, a simple vista, pocos turistas en la ciudad.

Pero la temporada baja tiene algo malo: como hay pocos turistas, cualquier excursión se hace en base a taxis, porque las combis no funcionan por falta de demanda. Y eso encarece un poco la estadía, ya que las excursiones pasan a costar de 50 a 60 soles por persona, aunque se pueden hacer por menos en algunos casos. Pero de eso hablo a partir de mañana, cuando comenzaré a hablar de las diferentes excursiones que hicimos en Chachapoyas: cataratas de Gocta, Kuelap y el santuario de Aya-Chaqui.

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