Bienvenidos a Huancavelica

Como decía en la primera parte de esta entrada, Huancavelica es una oportunidad para acceder a otro Perú. Pero no es un lugar para hacer turismo. Prácticamente no hay tours, no hay muchos hoteles, no hay buena información por parte de quienes trabajan en los servicios de hospedaje. Hay recorridos armados, pero están pensados para quienes tienen movilidad propia, no para los que llegamos por tren o bus. La página de turismo de la ciudad de Huancavelica tiene una dirección de correo electrónico de Hotmail que responde que está llena ([email protected]). Está claro que, al menos por ahora, no hay una apuesta demasiado relevante por el turismo en la zona. O, al menos, hay una apuesta mucho menos importante que la está haciendo Huancayo, que no sólo se posicionó como el centro comercial de esa parte de la sierra peruana, sino que ahora incluso se está transformando en el punto de partida de los tours. Por ejemplo: apenas llegas a Huancayo, las agencias de viajes se preocupan por darte folletos con los recorridos. Aquí no hay nada similar. No es que me guste que me abrumen con folletos. Por mí, que me dejen tranquilo. Pero desde el punto de vista del negocio, reconozco que “ir por el cliente” es bastante más efectivo que esperar que lleguen a tu empresa. Entiendo que la mayor parte de los que usan el tren macho son habitantes locales.

El tema de la hotelería es interesante. La ciudad cuenta con un único hotel 3 estrellas, el Presidente, frente a la Plaza de Armas. Se trata de un viejo edificio bastante venido a menos, con escaleras con alfombras gastadas, y pisos de madera bastante deteriorados. Pero como los hostales de 2 estrellas de la ciudad son bastante básicos, el hotel Presidente se da el lujo de cobrar 120 soles la noche, a pesar de que no los vale. Un establecimiento similar en Huancayo cobra 60 soles como mucho. Si bien desde el hotel se pueden hacer buenas fotos, el precio está completamente inflado. Es evidente que apuntan a los viajeros de negocios que llegan por Huancavelica. Por precios de alrededor de 18 a 25 soles, se puede encontrar alojamiento básico en los hoteles Tahuantisuyo y Camacho, cerca de la Plaza de Armas. Para quienes estamos acostumbrados a hospedajes económicos, están bien. Pero no es suficiente para el turismo más masivo. También hay algunos establecimientos en la zona de la terminal de trenes, pero realmente no los visitamos.

Vista de Huancavelica

Algo similar pasa con la oferta gastronómica. Comer un Huancavelica es muy económico, ya que salvo el restaurante del hotel Presidente, todo el resto apunta a los locales. Así, un menú de lomo a lo macho con su sopa y refresco cuesta 3,50 soles (algo más de un dólar). Y la porción de pollo a la brasa se puede conseguir por 3 soles. De todos modos, si les interesa conseguir algo más de oferta, pueden chequear en la peatonal Virrey Toledo, donde hay algunos lugares de comida local, como el Joy, donde se puede conseguir cuy, por ejemplo. Algunos de estos sitios brindan espectáculos musicales.

Visitar los lugares cercanos requiere de tiempo y paciencia. Hay que caminar bastante, lo cual puede ser bastante cansador, ya que la ciudad está a 3600 metros de altura. Por ejemplo, para visitar las minas de la zona hay que caminar unas 3 horas, y recorrerlas por las tuyas. Lo mismo para ir al mirador; un taxi cobra 45 soles para llevarte, debido a que no hay otro servicio que te lleve por ahí. Los domingos, la feria de la ciudad carece por completo de artesanías o productos turistificables similares; básicamente, está orientada a la gente de la zona, y se vende comida, verduras, electrodomésticos y películas piratas, entre otras cosas.

Plaza de Armas de Huancavelica

Huancavelica, entonces, es recuperar cierto sentido del caminar no planificado. Es recorrer la ciudad sin esperar a que otros la cuadriculen y formalicen lo importante. Donde podemos dedicarnos a ver las varias iglesias de la ciudad; a subir a los cerros para tener una mejor vista de la zona; a seguir el curso del río Ichu, que divide la ciudad. Si les interesa salir de la ciudad y visitar algún lugar en los alrededores, una alternativa interesante es Lircay, conocida por sus tejidos. Todos los días hay un servicio desde Huancavelica de la empresa Virgen de Oropesa. Por desgracia, si quieren ir hacia otros lugares de Perú, como Ayacucho, no queda otra que volver a Huancayo y seguir camino de ahí. Hay buses a Lima, pero son de menor calidad que los que salen de Huancayo. Francamente, es más interesante tomar el tren y seguir camino por bus desde esta última ciudad.

Finalmente, para algunos de nosotros, un paseo no turistificado puede ser una experiencia interesante y que nos guste. Pero a la vez, no puedo dejar de pensar que una región tan postergada en el Perú como Huancavelica podría tener buenas oportunidades para integrarse en el negocio del turismo. Por desgracia, si esa es la intención, está faltando más empuje, como el que se ve en Huancayo o Chachapoyas, destino del que hablaré en los próximos días. Por ahora, sólo se puede caminar. Veremos que pasa en el futuro con Huancavelica.

Desde ya, si quieren agregar datos sobre Huancavelica, o dar su parecer sobre alguna cuestión analizada en esta entrada, pueden hacerlo en los comentarios. Recuerden que se trata ante todo de mis opiniones, y que desde ya pueden estar en desacuerdo o tener diferencias con lo planteado aquí.

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