Como habrán leído en los últimos días, me encuentro en Lima, Perú. Y hasta aquí llegué en un vuelo de LAB. Sé que dirán: ¿acaso no escribiste al menos dos entradas sobre los problemas de esta empresa? Sí, pero en las últimas semanas chequeé en varios lados y al parecer LAB estaba funcionando sin mayores inconvenientes. Y la diferencia de precio era muy interesante, ya que costaba como mínimo 110 dólares menos que otras aerolíneas, lo cual multiplicado por dos pasajes era un número interesante.

En esta entrada haré todo lo posible por no opinar de manera explícita, sino que buscaré hacer una narración del vuelo. El horario de partida, desde el aeropuerto de Ezeiza, Buenos Aires, era las 16:45 horas. Llegamos 3 horas antes para hacer el check in, y nos avisaron que el vuelo estaba en horario. Eso nos tranquilizó bastante, ya que habíamos seguido los vuelos de LAB en el sitio del aeropuerto de Ezeiza, y éstos salían casi todos los días con demora. Finalmente, el avión despegó a las 17:15 horas, 30 minutos más tarde.

Un día antes de viajar, la agencia donde compré los pasajes me había llamado para avisarme que el vuelo sería directo desde Santa Cruz, y que no habría escala en La Paz. Eso era interesante, ya que nos demoraba un poco menos. Pero cuando llegamos a Santa Cruz de la Sierra, nos enteremos que el vuelo directo, el 928, no salía ese día, y que debíamos embarcar en el 926, con escala en La Paz. En ese punto, mientras una empleada nos enviaba a la parte de internacionales, otra nos decía que debíamos pasar a nacionales, y hacer los trámites migratorios. Un rato después, nos encontramos con otros pasajeros, que habían estado más de una hora en la parte de internacionales, y que no tenían ni idea de que debían hacer escala en La Paz. Por cierto, en Migraciones sólo nos sellaron los pasaportes, y no tuvimos que completar la tarjeta de entrada, pero otros pasajeros sí debieron hacerlo. Todo dependía del empleado que te tocara en suerte.

El vuelo 926 debía salir a las 19:45 desde Santa Cruz hacia La Paz. Apenas llegamos a la parte de nacionales, encontramos que estaba demorado hasta las 21:30 horas. Al área de embarque recién se podía entrar una hora antes. En el hall no había donde sentarse, así que optamos por quedarnos por ahí. Para peor, la conexión WiFi, que por tiempo limitado es gratuita, no funcionaba.

A las 20:30 horas entramos al área de embarque, pero el vuelo recién salió 22:45, tres horas después de lo normal. La gente, por cierto, ya lucía muy harta, y se arremolinaron en la puerta, como se puede ver en la foto.

Pasajeros molestos

El comandante a bordo pidió disculpas por la demora, y afirmó que el problema se debía a que el aeropuerto y la empresa tienen desde hace tiempo conflictos por el uso de las mangas. De todos modos, al avión subimos por la pista, y no por la manga. Tampoco quedó muy claro por qué algunos pasajeros no tenían ni idea de la escala en La Paz, y supongo que en ese caso el aeropuerto no tiene mucho que ver.

La escala en La Paz fue todo un tema. En 55 minutos, pasamos de un sitio a nivel del mar y a 20 grados, como Santa Cruz, a otro a 3800 metros y con una temperatura de 8 grados. No, por suerte no me enfermé. Tras hacer los trámites de salida, embarcamos bastante rápido a Lima.

Al aeropuerto de Ezeiza habíamos llegado a las 13:45 horas. A Lima, finalmente, arribamos a la 1:30 horas de la mañana, con más de tres horas de retraso, y casi doce horas después de comenzar el check in en Buenos Aires. La verdad, prefiero tomarlo como un entrenamiento para un próximo viaje a Europa o Estados Unidos… Y todavía me queda el viaje de regreso, por cierto.

Anuncios