En Estados Unidos hay números para todo. Como éstos: casi 60 millones de personas en ese país usan Internet para planificar sus viajes, de acuerdo a la Travel Industry Association de ese país. Tal vez sea un número interesado, pero la verdad es que la presencia de Internet está modificando la manera en que buscamos información sobre destinos, discutimos con otros sobre nuestras elecciones, hacemos reservas en hoteles y compramos pasajes en aviones y micros.

Pero la pregunta no se relaciona tanto con lo qué hacemos con Internet, sino más bien una cuestión de calidad: ¿viajamos mejor desde que tenemos la Red todo el tiempo a nuestra disposición? ¿Acaso las guías de viajes no solucionaban buena parte de nuestros problemas? ¿No estamos perdiendo ese lado de “descubrimiento” que muchas veces asociamos al viaje? Me queda claro, por las dudas, el costado utilitario de todo este cambio. Pero a la vez, como todo cambio -a quien le gusta tener que perder tiempo comprando pasajes y esas cosas-, tiene elementos positivos, pero nos hace perder algunas cosas.

Por otro lado, no puedo dejar de dar cuenta de que el acceso a Internet no es, desde ya, igual para todos. No todos los usuarios tienen todo el tiempo del mundo para buscar datos en la Web. Muchas personas, sobre todo en países más pobres, acceden a la Red desde lugares públicos donde pagan por hora. Y los alojamientos y servicios turísticos asociados a los que gastan menos son los que menos están presentes en Internet por ahora. El boca a boca no es todo.

Entonces: ¿viajamos mejor desde que tenemos Internet, o simplemente las cosas son distintas?

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