Productos tipicos

Por lo general, asumimos casi como algo obvio que, cuando compramos un souvenir, lo hacemos porque ese objeto se asocia con alguna característica particular del lugar que hemos visitado. El souvenir sería, en ese caso, una verdadera expresión de ciertos símbolos locales. Pero las cosas no son tan sencillas. En mi última visita a Mar del Plata, una de las cosas que más me llamó la atención era que muchos souvenires que en principio podían asociarse con la ciudad y su puerto, como barcos, faros, y muñecos hechos con caracoles, exhibían una característica particular: el “recuerdo de Mar del Plata” estaba escrito a mano sobre el souvenir, o a lo sumo, sobre un sticker. Muchos de estos souvenires estaban diseñados de tal manera que en realidad se podía escribir sobre ellos el nombre de cualquier lugar de la Argentina que tuviera playas, caracoles y barcos. En algunos casos, estaban fabricados en China; en otros, ni siquiera había una etiqueta que identificara de donde venían.

¿Dónde queda entonces la asociación entre souvenir y características locales del lugar que hemos visitado? Es comprensible que el souvenir ingrese en un circuito global de producción; al fin y al cabo, los productos se fabrican en aquellos lugares donde es más barato hacerlo. Pero la pregunta más bien apunta a nuestras prácticas: ¿compramos ese objeto porque “nos representa” el lugar que visitamos, o porque lo asociamos con nuestra experiencia de viaje?

En el caso de Mar del Plata, alguno de los souvenires era particulamente extraños, a tal punto que no pude evitar comprarlos. Por ejemplo, una de esas esferas llenas de agua, y en donde, si se las mueve, “nieva”, pero que dentro contenía un muñeco de nieve con la leyenda “Recuerdo de Mar del Plata”. Lo interesante es que en la ciudad nieva realmente muy poco, a tal punto que las nevadas son recordadas por años. Así que la práctica de hacer muñecos de nieve no aparece como una práctica usual por allí.

Pero finalmente, quienes vendían los souvenires habían logrado su objetivo. Incluso cuando comprara ese objeto casi desde un distanciamiento irónico, lo estaba pagando. Sea porque lo asociamos con las características del lugar; o nos recuerda nuestras experiencias; o nos parece más bien un objeto que entra en el reino de lo ridículo, nos terminamos volviendo de nuestros viajes con algún objeto en la mochila. Objetos, que a veces, son un producto artesanal, bello, no tan asociable con una cadena de montaje de producción de recuerdos estandarizados. Esos objetos, claro, terminan teniendo un lugar central en nuestras repisas.

La foto corresponde a la vidriera de un local de Mar del Plata, uno de los tantos que se encuentran en la peatonal. Desde ya, si tienen sus fotos de souvenires que quieran compartir, las pueden publicar en el grupo de Blog de Viajes en Flickr. Seguro que tienen buenas cosas en sus casas :).

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