Si hay algo que las empresas transnacionales detestan es la obligación de invertir en activos físicos hundidos en un país. O sea, tener que comprar terrenos, edificios, asumir contratos laborales fijos, etc, de los que no puedan deshacerse rápidamente si deciden irse de esa región. Por eso, compañías como Nike ganan dinero con sus zapatillas, a pesar de que no tienen ninguna fàbrica. Todo está subcontratado a terceros en los países asiáticos. Si mañana Nike decide irse de algún país, simplemente termina el contrato con ese subcontratista, y punto. Nada de hacerse problemas con activos físicos.

Y un modelo similar están adoptando las cadenas hoteleras. Ya hablamos de esto en relación a Starwood, dueña de la cadena Sheraton, entre otras. Pero ahora le toca el turno a Accor, otra enorme cadena, que tiene como principales marcas a Sofitel, Ibis, Novotel y Formula 1. La cadena ha anunciado la venta de 535 propiedades hoteleras en los próximos años, por un valor de 3200 millones de dólares. El punto, claro, es que retendrá el management de esos hoteles. Si llegara el caso, podría salir rápidamente de cualquier país sin temer depreciación de esos activos.

En el fondo, las cadenas hoteleras sólo quieren gerenciar su marca. Nada de atarse a las propiedades, tan ligadas a los vaivenes del mercado inmobiliario. Si mañana cae mucho la demanda turística en algún destino, la firma podría optar por salir de ese mercado sin mayores consecuencias. Y lo mejor de todos: gracias al alto valor actual de los inmuebles, se hará de fondos muy interesantes. En el caso de Accor, servirá para financiar la expansión en 200 mil habitaciones en los próximos años, como cuenta la agencia Reuters.

Suena extraño, pero en pocos años más, la mayor parte de las grandes cadenas hoteleras prestará sus servicios sin tener inmuebles. Y serán muy livianas, y podrán tomare sus decisiones sin hundir sus activos físicos en ningún país. Y limitar así su exposición financiera.

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