Los aviones son una de las fuentes más importantes de contaminación en el mundo. Y su continuo crecimiento puede hacerle más fácil la vida a los viajeros, pero promete aún más polución para el futuro. Un artículo interesante es “We are all killers”, de George Monbiot, un texto al cual llegué gracias al último número de La Mujer de mi vida, que gentilmente me cedió Nahuel Coca. El artículo al que hago referencia, por desgracia, no figura en la página Web de la revista -se encuentra en la sección “Disparos en la noche”, en la página 5.

El tema de las aerolíneas es interesante para plantear una relación que la industria turística suele gambetear: el impacto medioambiental de nuestra movilidad. En el caso de la aviación, para los próximos diez años se prevé una expansión de la actividad, lo que traerá aparejado crecientes emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera. Y aquí viene el punto interesante: si queremos dejar de causar más daño al planeta, dice Monbiot, deberíamos abandonar nuestra obsesión por movernos cada vez más rápido. Sobre todo cuando otros medios de locomoción veloces, como trenes, también provocan impactos similares sobre el medio ambiente

El problema es importante. Por un lado, Monbiot sostiene que la única forma que dejemos de contaminar a través de los vuelos aéreos es que “los gobiernos comiencen a cerrar los aeropuertos”. Pero si tenemos en cuenta la manera en que el mundo de los negocios y del turismo ha incorporado el traslado aéreo como parte normal de su operatoria, sabemos que tal decisión sería un verdadero shock en muchos nichos de mercado. Quienes vuelan son parte de la población mundial con mejores ingresos, y por lo general, quienes mayor capacidad de reclamo poseen. ¿Se imaginan que muchos van a resignarse a viajar en micro porque hay que reducir el impacto ambiental? De forma poco sorpresiva, creo que las recientes medidas de seguridad en los aviones -la prohibición de llevar líquidos y, tal vez en el futuro, la limitación de aparatos electrónicos como notebooks- van a tener mucho más impacto en las aerolíneas que las (poco probables) regulaciones medioambientales de los gobiernos.

Hace ya un tiempo, me preguntaba en este blog si los últimos cien años serían recordados alguna vez como “el siglo de la movilidad”. Si tomamos en cuenta las decrecientes reservas de petróleo en el mundo, y enorme impacto ambiental de aviones, autos y trenes, no parece ser tan descabellado trabajar con esa hipótesis. Y también, analizar realmente cual es el impacto sobre la ecología de la industria turística y nuestros viajes aquí y allá. Sólo una pequeña parte de la población mundial puede viajar muy asiduamente, pero el impacto de sus movimientos se termina trasladando a toda la población. Las similitudes con la distribución del ingreso en el mundo corren por cuenta de ustedes.

Por cierto, leí el artículo de La Mujer de mi Vida en el vuelo que me traía de regreso a Buenos Aires desde Puerto Iguazú. El que esté libre de pecado….

Enlaces relacionados:
“We are all Killers” de George Monbiot
“Viajes y petróleo, una relación en crisis” (artículo anterior en este blog)
“The long emergency” de Howard Kunstler (originalmente publicado en Rolling Stone)

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