Arranquemos por el sentido común: ¿acaso no hay muchísima gente a la cual le encantaría ser un escritor de viajes? Poder ir de un lado al otro, y que encima te paguen por eso, aparece como algo realmente envidiable. Pero, por desgracia, las cosas a veces no son tan simples ni tan lindas. Cada vez que leo los foros o blogs que agrupan a escritores o periodistas de viajes -en particular los freelance de medios en inglés- lo que abundan son las quejas. Que la paga es cada vez peor; que cada vez hay más marketing y menos periodismo; que los buenos tiempos ya pasaron… Cualquier periodista sabe que su trabajo está muy condicionado por la publicidad, por los ingresos del medio y por el atractivo de la sección en la que uno trabaje. Y parece que las secciones de viajes de los medios son más leídas por los anunciantes y actores del sector turístico que por lectores del medio. Lo cual explicaría, en parte, porque los “lectores de los medios” eligen Internet para informarse sobre los destinos. La razón: pueden hablar de manera directa con otros viajeros y turistas, sin tener que pasar necesariamente por el filtro de los medios y el marketing de las empresas de viajes.

Volvamos a los escritores de viajes. Hace algunos días, The New York Times publicó un interesante artículo sobre los problemas de ser escritor de guías de viajes. El punto central: esto es un trabajo, no un viaje de placer. Por lo tanto, todo lo que uno hace cuando viaja en esas condiciones es… moverse por los lugares que te serán útiles para desarrollar una guía de viajes útil para otros viajeros. Eso no es, digamos, lo que vemos como habitual en un viaje, donde más bien asumimos que estamos relajados, y que nos movemos de aquí para allá, sin apuro ni problemas.

¿Nos movemos sin prisa de manera despreocupada por la ciudad? Me temo que esta forma de turismo, que tenemos tan incorporada como “lo que hacemos cuando viajamos”, está bastante alejada de muchas prácticas reales de viajes. Más bien, cuando llegamos a una ciudad, solemos tener tan poco tiempo que nos movemos frenéticamente por ella para conocer todo lo que tenemos marcado en la guía que “tenemos que conocer”. Y eso no es sólo el día: por las noches también hay que salir, sacar fotos, pasear, ver “el ambiente local”. Al final, cuando volvemos de nuestras vacaciones, estamos más agotados que cuando salimos. Aunque, claro, raramente felices.

¿Será que en realidad las prácticas asociadas generalmente a los escritores de viajes ya son cada vez más parte de nuestras rutinas de viajeros? Cuando viajamos, cada vez producimos más cosas con fines de publicarlo en Internet: fotos, notas de viajes, videos, etc. Sé que muchos de estos soportes ya eran comunes para los viajeros; al fin y al cabo, tomar notas de viajes es una tradición de varios siglos; y sacar fotos, de varias décadas. Pero cada vez está más clara la idea de producir versiones “privadas” y “públicas” de nuestros viajes, algo común para un periodista de turismo, pero no tan normal para el resto de los mortales. Claro que esas versiones “públicas” de nuestros viajes son posibles, desde ya, gracias a las nuevas formas de publicación en Internet, como los blogs, foros, portales, etc.

¿Será que en el fondo vamos a terminar como periodistas de viajes, pero sin trabajar en ningún medio tradicional?

¿Y los problemas de los escritores de viajes, al final? Mejor lean el artículo de The New York Times (en inglés; necesitan registrarse de manera gratuita en el sitio).

Por las dudas el artículo de The New York Times desaparezca pronto y pase al archivo, la parte 1 del PDF está disponible en este enlace y la parte 2 en este enlace.

El artículo de The New York Times fue visto originalmente en Travel Writers.

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