El viaje nos permite vivir nuestros sueños. Viajar es ser testigos de nuestro coraje para convertir los sueños en realidad, para hacer todo lo que queremos hacer. El viaje da testimonio de nuestra fuerza de voluntad, de nuestra determinación de los límites de nuestro espíritu. El viaje es la lìnea de la vida de nuestra pasión interior, de la vida que existe dentro de nosotros. El viaje es la línea de la vida de nuestra energía

Steve Zikman en El encanto de viajar. Buenos Aires, Vergara, 1999.

Tal vez ustedes no la conozcan, pero existe una línea de la literatura de autoayuda que apela a la idea del viaje como una forma de superación de las limitaciones de la vida cotidiana. El libro de Zikman que cito se inscribe en ese segmento. La táctica: describir al viaje únicamente de manera positiva, y relacionarlo con las ansias de las personas que poder dejar atrás los problemas de la vida cotidiana.

Este blog siempre ha estado muy atento a no caer tan fácilmente dentro de las representaciones puramente positivas del viaje. Concebirlo siempre como algo “intrínsecamente bueno” tiene varios problemas. En primer lugar, implica asumir como verdadero los relatos de los viajeros, que como cualquier otro agente social, buscan presentar sus propias prácticas como positivas -algo que, desde ya, hacemos todos con lo que hacemos a diario. En segundo lugar, porque nos hace perder de vista las relaciones de dominación que se dan dentro del campo, y las consecuencias negativas del viaje y el turismo -que las hay, y son relevantes de ser estudiadas.

Lo que no sorprende es que la literatura de autoayuda que apela a la idea del viaje recurre a un viejo sentido común: el que opone “vida cotidiana” al viaje -sobre una recopilación de sentidos comunes sobre el viaje, se puede ver una entrada anterior de este blog. Como ya he argumentado en otras ocasiones, no hay tal oposición. Lo que existe es una relación, por el cual el viaje sólo adquiere su sentido porque existe algo que llamamos vida cotidiana. Si fuéramos nómadas, las relaciones entre vida cotidiana y viaje seguramente no serían las mismas.

Seguramente, poco en la literatura de autoayuda es valioso, u original. La mayor parte de estos libros buscan dar respuestas, y parten de una asunción obvia: que los lectores compran esos libros para poder hallar esas respuestas. Y, si están disconformes con su vida de todos los días, apelar al viaje como ese “espacio de libertad” es una buena forma de ofrecer “respuestas” simples y plausibles. Total, todos saben que cuando viajamos, nos “sentimos más libres”. Claro, porque no estamos trabajando :).

Si les interesa profundizar el tema de las relaciones entre viaje y sentido común, pueden chequear también una entrada anterior de este blog, llamada “El viaje como espacio de libertad y otros sentidos comunes”, que escribí un año atrás en este mismo blog.

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