El tema del diseño de la marca país, que tratamos en una entrada anterior, ha desatado una muy interesante y nutrida cantidad de comentarios. Creo que es un buen momento para hacer algunas acotaciones sobre el tema, y revisar algunas de las posiciones más vistas en el debate. Veamos algunas de ellas:

1) El logo es horrible, y no representa nada
2) El logo es muy generalista, y no llama la atención
3) El logo es un muy buen ejemplo de síntesis, que algunas personas no saben apreciar.
4) El debate no está bien planteado; no estamos hablando sobre un logo, sino sobre un sistema completo de identidad visual.

Aclaro: uso “logotipo” o “logo” para referirme a lo que hasta ahora es el desarrollo de la marca país que nos han mostrado. Si quieren referirse a él “isologotipo” o “isologo”, no hay problemas; pero estoy intentando simplificar este punto.

Vayamos punto por punto. El punto 1 es más interesante de lo que parece a primera vista. Si bien es cierto que no puede juzgar de manera tan liviana un logotipo desde juicios del tipo “lindo / feo”, no deja de ser interesante, en términos sociales, ver que este tipo de diseños tiene muchas dificultades para venderse por fuera del mercado de profesionales. Llama la atención, además, que dentro de la planificación comunicacional de la marca país no se tomara en cuenta algo básico: ¿cómo lo leerán los no especialistas? Porque este desarrollo se pagó con los impuestos de todos; frente a ello, decir “yo uso el dinero público, pero no reconozco el derecho del público a juzgar el trabajo” suena, por lo menos, como poco político.

El punto 2 va a otro tema. Por un lado, si el logo realmente representa lo que dice representar. O sea, “dinamismo, cambio, transformación, elegancia, modernidad, innovación y tecnología”. Además, varios cuestionaron porqué estos atributos representan a la Argentina. Mal que nos pese, este no es un país que se destaque, al menos en las últimas dos décadas, por sus aportes tecnológicos. Y mejor no hablar de la innovación. ¿Habría que haber elegido atributos más realistas, o tal vez lo importante era marcar aquello que queremos ser?

El punto 3 se relaciona con algunas cosas que ya dije en el punto 1. Los trabajos de este tipo no lucen impactantes, por lo general. Esto es un proyecto público; si nadie previó las lecturas del público como parte del desarrollo comunicacional del proyecto, entonces pedir que “se aprecie la síntesis”, aún cuando sea algo justo, termina sonando arrogante.

El punto 4 es un reclamo muy razonable: esto no es sólo un logo, es mucho más. Ese “mucho más”, que es el diseño de un completo sistema de identificación visual de la Argentina como marca, es algo que aún desconocemos. A casi dos semanas de la difusión del logo, el sitio marcaargentina.gov.ar no ha mostrado nada del desarrollo completo. En el sitio de Cabina, los ganadores del proyecto, es muy difícil buscar algo, e imposible establecer un enlace directo a la página donde esa información se encuentra contenida. Y aquí, un excursus: ¿acaso hacer que un sitio sea amigable para navegar y enlazar no es parte del diseño? El sitio de Cabina tiene lindo desarrollo en Flash, pero es absolutamente hostil a un uso útil. Sigo: ¿cuándo conoceremos algunas muestras del desarrollo de la marca país Argentina, y de esa manera juzgar con más datos? Porque de otra manera, seguiremos con el tema de siempre: el logo. Y aquí, otra cosa: ¿por qué las autoridades oficiales optaron sólo por mostrar el logotipo? ¿Acaso no se daban cuenta que de esa manera no estaban haciendo justicia con todo el trabajo hecho? Hasta ahora, buena parte de las reacciones sobre lo que se conoce de la “marca país Argentina” han sido bastante negativas -al menos en los blogs- y la culpa es, justamente, de un apuro por “mostrar algo”. El logo no se sostiene por sí solo; mostrarlo aislado del resto del conjunto lo ha perjudicado, antes que beneficiarlo. Ahora, lo mejor sería dar a conocer el desarrollo completo cuanto antes, y sacar conclusiones, ahora sí, con más información.

Como verán, no he querido hacer ningún tipo de juicio del logotipo en sí. No soy un especialista en comunicación audiovisual; y quiero suponer que quienes desarrollaron este trabajo y quienes lo eligieron como el mejor tienen en claro que hacen. Pero un trabajo debe defenderse por sí sólo; en tanto texto, estará sometido a múltiples lecturas, y no siempre -diría más bien, casi nunca- sus creadores estarán ahí para explicar el “sentido correcto”. Y, al menos por ahora, el texto es incapaz de defenderse por las suyas. De todos modos, quedamos a la espera de que se dé a conocer el desarrollo completo, para opinar de la parte visual en sí.

Y ahora: mil gracias a todos los que opinaron y colaboraron con sus diferentes puntos de vista a lo largo de los comentarios. En particular, porque a medida que el debate se hizo más extenso, las opiniones se hicieron más interesantes y menos agresivas.

Anuncios