Hace unos días, Pablo Schweitzer publicó en la lista de correo acerca de turismo cultural que maneja la gente de Naya un interesante mensaje sobre la problemática del turismo y la desigualdad social. Hemos tocado varias veces este tema en este blog, pero me pareció una buena oportunidad para retomar este tipo de problemáticas, sobre todo porque el texto de Pablo condensa, en muy poco espacio, una serie de ítems muy importante. Los dejo con el texto, y agradezco a Pablo el permiso para publicarlo. Por cierto, Pablo está trabajando en una página web sobre estas problemáticas, y espero muy pronto, a través de este blog, contarle más novedades sobre el tema.

¿Turismo, pobreza y justicia social?

Generalmente se considera al turismo receptivo como una exportación. Pero desde el punto de vista social creo que hay que verlo como importación de consumidores, con los impactos sociales que esto implica.

En tanto consumidores los turistas participan en relaciones sociales con consumidores y proveedores de bienes y servicios locales, e impactan en la relación preexistente entre ellos. La afluencia constante de turistas contribuye al aumento del tamaño del mercado y a la generación de puestos de trabajo, pero en la medida que la capacidad de consumo del turista supere a la del consumidor local también puede impactar sobre los precios que debe pagar el consumidor local, lo que genera espacios de conflicto potencial.

Este impacto del consumo turístico se expresa principalmente en los precios de alimentos, alquileres de viviendas y transportes; la afluencia de nuevos consumidores con posibilidades de
pagar precios mucho más altos que la población local, que se concentran en una porción del espacio urbano considerado turístico provoca una revalorización de esos espacios, a través de la renta comercial y turística producida, y la consecuente expulsión de la población originaria. Ejemplos son lo complicado de alquilar departamentos chicos en San Telmo o Bariloche, el intento de cierre del Bar Britanico, los intentos de “compras” de tierras en la quebrada de humahuaca al momento de la declaración de patrimonio por parte de citadinos, la expulsión de población hacia las afueras en San Martin de los Andes y San Pedro de Atacama, etc. Ese proceso de sustitución de población es denominado “gentrificación”.

Se da así la contradicción que la ciudad y los atractivos turísticos, que son producidos socialmente, producen una renta turística que es apropiada por propietarios individuales
mientras que la población originaria es forzada a trasladarse a localidades vecinas. Esta apropiación es mayor cuanto más regresivo sea el sistema impositivo, más concentrado sea el mercado, peores sean las condiciones laborales y mayor sea la apropiación de la renta por
empresarios ausentistas. Por otro lado este diferencial de potencial de consumo entre la población local y el turista tiende a generar relaciones sociales verticalistas más o menos mercantilizadas basadas en expectativas de consumo de la población local, desde las amistades
por conveniencia hacia el extremo del turismo sexual. Creo que la salida a todo esto son políticas públicas destinadas a moderar los impactos del turismo y a distribuir la renta generada en una forma mas justa. Ejemplos de que se este haciendo esto en algún lado no conozco, quizás el “peaje turistico” que se cobra en el Cañon del Colca en Peru para financiar obras locales, pero desconozco el tema.

Pablo Schweitzer

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