Ayer hablaba de las particulares relaciones en el campo editorial ligado con el turismo, donde el público valoraba las iniciativas ligadas con un turismo más económico, y los anunciantes sólo querían acceder al público de clase media alta. Ahora, otro tema interesante surgió ayer en mi ronda de lecturas, y se refiere al tema de las líneas aéreas de bajo costo. Éstas han tenido un enorme éxito, en particular en Europa, y han comenzado a expandirse por todo el mundo. Pero, a pesar de su suceso con el público, no les está yendo muy bien con los inversores y las bolsas. De acuerdo a lo que publica Ledger-Inquirer (en inglés), mientras que incluso las acciones de las compañías aéreas tradicionales suben, las ligadas con firmas de costos bajos caen. Y eso que a todas las afectan ciertas condiciones adversas de mercado, como el alto costo del combustible.

Nuevamente, hay un particular divorcio de intereses. Mientras que el público privilegia los costos, los inversores buscan las ganancias más altas. Pero, a pesar de que varias aerolíneas de bajos costos muestran resultados financieros aceptables, no logran levantar la puntería en las bolsas. Habrá que ver que harán las low-cost airlines para mejorar su aspecto frente a los inversores; seguramente, mejorar aún más sus ganancias. Lo cual podría traer, en el corto plazo, alguna suba de tarifas -algo que ya está pasando en Estados Unidos– y una presión aún mayor por bajar los costos de servicio -por ejemplo, al tercerizar las operaciones de mantenimiento-, algo en lo que las aerolíneas de bajo costo ya han hecho mucho.

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