Entre 1992 y 2004, Estados Unidos ha perdido cerca del 35% de su porción del mercado internacional de viajes. Seguramente hay muchas razones para entender este fenómeno: el crecimiento de otros destinos, como Asia Pacífico, tanto como lugar de ocio como de negocios; un endurecimiento cada vez más notorio a la hora de otorgar visas de turista -algo que se ha acentuado desde el 11 de septiembre-; la falta de nuevas propuestas turísticas, mientras otros destinos se preocupan cada vez más de satisfacer la demanda de los viajeros.

El tema es cuanto le ha costado a Estados Unidos esta progresiva erosión de su posición en el mercado internacional de viajes. En 12 años, ha perdido ingresos por 286 mil millones de dólares; los diferentes estados se han perdido de cobrar 48 mil millones de dólares en impuestos; y a eso hay que sumarle un punto relevante: se han dejado de crear miles de empleos. Los datos están tomados de la reciente Global Travel & Tourism Summit, una cumbre internacional de ministros de turismo de todo el mundo, que se realizó hace algunas semanas en Washington. El tema fue cubierto por Hotel Marketing y World Hum.

Me pregunto que tipo de políticas pueden generar los gobiernos estadounidenses para recuperar cierto terreno, o al menos para de perderlo. De todas maneras, la posición de Estados Unidos como principal destino turístico mundial medido en término de ingresos -porque por visitantes, desde hace muchos años que ese lugar lo ocupa Francia- parece condenado a mediano plazo, a medida que China y la India se integren de manera más fuerte en la economía global, y comiencen a atraer más y más viajeros de negocios.

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