Blog de Viajes

El viaje turístico: un (des)encuentro entre nativos y turistas

Hace un buen tiempo que no publicaba trabajos generados en la Carrera de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires. En este caso, me toca presentar “El viaje turístico: un (des)encuentro entre nativos y turistas”, el primer capítulo de la tesina Travesías Culturales: Buenos Aires for export. Un estudio de casos sobre espacio-tiempo en el viaje turístico, realizada por Natalia Delfino y Germán Pikas, y que tuve la oportunidad de dirigir. En este caso, el tema del trabajo es analizar la forma en la cual se construye el espacio y el tiempo de viaje en un hostel de Buenos Aires. Para ello, se entrevistó a turistas y responsables del lugar, y se analizaron sus prácticas cotidianas. Junto a ello, podemos ver como el lugar del “otro nativo” es exotizado e idealizado, mientras que el “otro” con el que nos relacionamos más habitualmente en el campo del viaje es el “otro turista” antes que el nativo.

Pueden leer el trabajo en esta página. Allí mismo pueden dejar sus comentarios sobre el texto, que realmente es un materila muy interesante para debatir.

Sobre esta tesina, además, ya había escrito una entrada anterior, donde analizaba más detenidamente el tema del “otro turista”, más otro texto sobre las construcciones interesadas del viaje como un segmento caracterizado por la libertad. Natalia Delfino, además, había publicado dos textos antes en este blog. Primero, El Otro Yo. Comunicación, identidades y viajes: un análisis de la representación de la Argentina y sus habitantes en discursos de jóvenes turistas extranjeros; y luego junto a Germán Pikas había escrito sus impresiones sobre Congreso de Turismo Cultural que la gente de Naya organizó en Río Grande, Tierra del Fuego en diciembre de 2004.

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El viaje turístico: un (des)encuentro entre nativos y turistas

Este texto forma parte de la tesina Travesías Culturales: Buenos Aires for export. Un estudio de casos sobre espacio-tiempo en el viaje turístico, realizada por Natalia Delfino y Germán Pikas para la obtención de la licenciatura en Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires. Fue dirigida por Jorge Gobbi.

“Me voy de mi lugar, me voy para desestructurarme y llego acá y vuelvo a estructurarme, porque son cosas que llevo yo, no las lleva el lugar? (Cécile Belmont y Julia Masvernat).

Interesa indagar en esta segunda parte la construcción por parte de los turistas de un discurso etnográfico sobre los “otros? (o mejor, sobre nosotros). En este sentido, es clave “… analizar la cultura (junto con la tradición y la identidad) en términos de relaciones de viajes? (Clifford: 1999, 39); de diversas señas culturales que se imbrican entre sí, en mutación continua. La hipótesis de lectura que se seguirá en este apartado se sitúa en una ambivalencia: por un lado, el deseo manifiesto de los turistas de conocer al “otro? (local-nativo) y a su cultura se enraíza en el imaginario “el viaje ensancha? entendido como un capital legítimo. Por otro lado, se demuestra la relación conflictiva entre el imaginario social y la práctica material en tanto que, en las representaciones de las prácticas viajeras, el “otro? que se conoce no es el nativo sino al par turista.

Resulta de importancia comprender las mediaciones que se construyen en el interior del campo turístico so pretexto de elucidar los modos en que se producen y se reproducen, se unen y se fracturan las relaciones socio-culturales. De ahí que se centre la atención en las relaciones que se establecen entre las representaciones engendradas por los distintos viajeros que se encuentran histórica y políticamente situados. Es decir, posar la mirada en las representaciones, los imaginarios, los mitos y lugares comunes a modo de observar cómo se definen las relaciones sociales en un contexto de dominación propio de un modo de producción como el capitalismo flexible.

Los encuentros sociales que se producen en el viaje son relaciones contingentes, y también son experiencias históricas concretas de interacciones culturales. En el viaje se producen conocimientos y aprendizajes, se (in)corporan códigos y se despliegan estrategias, se exteriorizan prejuicios y se emiten juicios, se provocan emociones y también conflictos. Estas manifestaciones sociales hacen a la posibilidad de diálogos y confrontaciones con otros en el espacio del “otro?. La idea del viaje entraña la búsqueda de la diferencia ingresando en el territorio del “otro?, en él se depositan deseos y fantasías:

– “para mí, desde los 15 años que viajo entonces cuando no viajo me pongo nervioso. Yo pienso que no existe dinero mejor gastado que en viajes. Conoces mucha gente, diferentes culturas, diferentes personas, y la cosa más triste para mi es la persona que tiene la visión restringida de las cosas. Y encuentro que sólo viajando las personas abren su horizonte. Si vos te quedas aquí en la ciudad de Buenos Aires sin hacer nada solo estudiando en la universidad de Buenos Aires, está bien. Si tienes la posibilidad de ir a Brasil, Chile, Colombia, para Europa mucho mejor? (Rodrigo: anexo, 4-5).

– “es una muy buena pregunta… creo que me gusta conocer culturas. A veces pienso que estoy buscando algo, no se qué pero me gusta estar en otros lugares. Me gustaría conocer todos los países, todas las ciudades, hablar con la gente, entender… diría que me gustaría aprender de las culturas, de la gente y poder aplicar la información que aprendo a mi vida, no sé… Creo que se puede aprender más cuando estás viajando, más que en la escuela… mucho más. Por ejemplo, cuando estuve en Internet podía ver información, mapas, calles, etc. pero cuando estas acá… eso no importa tanto, quizá algunas cosas, pero importa realmente hablar con la gente, tratar de ser parte del otro lugar? (Sara: anexo, 40).

– “…Me gusta cuando viajás conocer el lugar, las personas, sobretodo si tenés el tiempo de hacerlo. Quiero conocer el área, aprender el idioma, conocer gente, hablar con la gente. Poder ir un poco más allá de la superficie. Cuando estuve en Tailandia, estuve dos meses, un tiempo largo. Pude conocer bien el lugar y la gente. Creo que el viaje se disfruta más, se hace más memorable y se vuelve más particular (risas)? (Sam: anexo, 64).

– “si, todavía no soy, yo quiero ser, como Rodrigo, los demás me dicen que soy un mochilero de primer viaje (hay mucho ruido porque Pablo está cantando con las turistas brasileñas)… ahora estoy agarrando el ritmo del primer viaje, me estoy preparando… estoy teniendo un gran aprendizaje…? (Rafael: anexo, 73-74).

El viaje, según estos discursos, implica un redimensionamiento de la subjetividad, una búsqueda, un aprendizaje en sí mismo, un conocimiento de otros lugares, culturas y personas. Lo que se resalta es la posibilidad de tender una relación con el “otro? y su cultura a partir de un contacto que, según los entrevistados, requiere un traslado físico. Estar en ese “otro? espacio. Juliana lo expresa claramente: “sabia que la historia es parecida a la de Brasil, que los españoles que vinieron acá, pero yo fui a la Casa Rosada a ver un poco más? (anexo, 6). Puede conocerse la historia del país de destino, pero entrar en su espacio es “ver un poco más?, es conocerlo de cerca, vivenciar el espacio con el propio cuerpo. Es allí donde se actualiza predicho redimensionamiento subjetivo. Es posible decir que lo que subyace es un imaginario engarzado a la idea de que “el viaje ensancha? (Clifford: 1999). Este es un lugar común que exotiza y vuelve deseable el viajar, conocer distintos lugares y al “otro?. Este “ensanchamiento? tiene fundamento en los deseos que se depositan en el “otro? en tanto que es diferente, que está dotado de una cultura distinta.

El hecho de estar en “su? lugar, relacionarse con él e intentar aprender (aunque sea mínimamente) su lengua, garantizaría la apertura en la visión del mundo (1). De este modo, el viajar se convierte en un capital legítimo. Clifford sostiene: “El viaje, tal como utilizo el término, abarca una variedad de prácticas más o menos voluntaristas de abandonar ‘el hogar’ para ir a ‘otro’ lugar. El desplazamiento ocurre con un propósito de ganancia: material, espiritual, científica. Entraña obtener conocimiento y/o tener una ‘experiencia’ (excitante, edificante, placentera, de extrañamiento o de ampliación de horizontes)? (1999: 88). Aquello ilegítimo, según los entrevistados, es el cuerpo inmóvil, que no viaja y, por ende, no conoce al “otro?.

Siguiendo a Bourdieu, se puede observar que en la lucha simbólica (lucha política al fin de cuentas) los agentes apuestan -en relaciones de desigualdad estructural- en pos de hacer valer la nominación legítima. Puja por las clasificaciones, “…lucha por la imposición de un principio de visión y división legítimo? (1987, 137). Los entrevistados profieren sus representaciones desde una posición en el campo, lugar imperceptible que la lógica de la práctica le muestra como evidente, y es por ello que la “amplitud mental? del que viaja y conoce otras culturas, es un capital legítimo para aquellos que ya acumularon de ese capital: “…los agentes empeñan el capital simbólico que adquirieron en las luchas anteriores y que puede ser jurídicamente garantizado? (Bourdieu: 1987, 138). Esto puede verse en los casos tanto de Sam como de Rodrigo cuando hacen uso del capital de viaje adquirido para dar cuenta de su legitimidad en el campo turístico. De hecho, este capital es reconocido por Rafael cuyas representaciones remarcan que sus estrategias apuntan a acumular ese capital viajero. En suma, nominar al mundo es también un modo de vivirlo.

Paradójicamente, el conocimiento del “otro?, que opera de base en el imaginario del “viaje ensancha?, se inscribe en una relación ambivalente ya que, en su mayoría, los turistas reconocen no haberse relacionado con los locales por fuera de aquellos que trabajan para el turismo:

-“no (risas). Claro conocí a Pablo [gerente del hostel], pero no conocí porque no salimos, no charlamos por fuera de acá? (Sara: anexo, 110).

– “¿Vos te quedaste año nuevo acá? / J- sí. – ¿La pasaste acá en el hostel? / J- no, yo fui a Opera Bay. / ¿Y fuiste sola o fuiste con amigos? / J- fui con unas personas que conocí en Casa Rosada… / -¿Los que acompañaron, también turistas o argentinos? / J- turistas / – ¿Conociste argentinos aparte de las personas que trabajan acá? / J- sólo las personas de acá, no mucho? (Juliana: anexo, 11-12).

– “son extranjeros, son de Suecia, Inglaterra, Estados Unidos [refiere a los compañeros del curso de español]. Ellos me hicieron cambiar el modo de ver las cosas, pero también los profesores de acá, principalmente los alumnos que estaban como yo y que son de otros países, ellos me hicieron pensar en muchas cosas en relación a la cultura, principalmente… [cuando se le pregunta si conoció argentinos, responde] sólo aquí en el hostel? (Elenha: anexo, 91-88).

– “si, (respondieron con Juliana, y Sara agregó) eso es muy bueno porque yo viajo sola y es muy lindo conocer gente amable que te ayude y acompañe a recorrer? (Sara: anexo, 36).

– “bueno, yo conocí a una suiza, estoy saliendo de hecho, la conocí en el otro hostal, ella esta haciendo un trabajo social y se queda por 4 meses…? (Cristian: anexo, 103).

– “Unos minutos mas tarde, se escuchaba un fuerte bullicio que llegaba desde la calle, y eran las chicas brasileñas –Juliana, Elenha y Sara- que llegaban de un paseo con Diego en su mentado auto rosa descapotado? (Anexo, 145).

Tal como se puede observar, el contacto con el local se reduce a las relaciones establecidas al interior de la industria turística: mozos, trabajadores del hostel, profesores del curso de español y también otros turistas. Puede conjeturarse que, dados los ejemplos acerca de las prácticas viajeras, el “otro? que se fantasea conocer, es más el par turista que el nativo. Esto no quiere decir que los trabajadores del turismo no sean nativos, pero lo que se desprende de las entrevistas es que los turistas se mueven mayormente en circuitos turísticos y no conocen otras personas por fuera de allí.

De esto se sigue, que en los sujetos convergen ideas, imágenes y sentidos en permanente conflicto y lucha con la práctica material. Por un lado, se manifiesta la idea común del viaje como “ampliación de horizontes?: de salirse del espacio-tiempo cotidiano para experimentar la novedad, el cambio, el conocimiento del “otro? mundo. Y, por el otro lado, en las prácticas sociales, la tendencia indica que las relaciones que se traban son con los “otros? viajeros. Estos son concebidos como un “otro? que se encuentra en la misma situación: en otro territorio, con otra lengua, con los mismos intereses, la misma temporalidad, con la intención de ir a los mismos lugares, etc. En consecuencia, el par turista ocuparía la posición de un “otro? pero más cercano al “nosotros-turistas?. Esto marca una configuración particular del campo turístico en lo que hace a la estructuración del espacio-tiempo que posibilita determinadas relaciones sociales y no otras. Se puede ver cómo la organización espacio-temporal que estructuran los enclaves turísticos definen determinadas relaciones prácticas, y cómo éstas producen y reproducen la vida social (Harvey: 1998). La (re)producción supone el no salirse de los recorridos que el campo turístico propone y de las relaciones sociales por este permitidas. El “otro?, el que se fantasea conocer, es expulsado de las representaciones de las prácticas y mantenido en un lugar exótico, reproduciendo la desigualdad estructural que funda la relación entre el turista y el nativo (2). El nativo sólo tiene lugar en la experiencia turística como un atractivo, sin poder salirse de la representación hegemónica que el turista tiene de él. El nativo trabaja actuando de sí mismo –encarnando la autenticidad legítima-, mientras que el turista consume ese imaginario en pos de entretenerse. Cuando el nativo aparece en las representaciones estudiadas, lo hace en la figura de un trabajador de la industria turística o bien, el “otro? se transfigura en un “otro-yo?: la búsqueda de la alteridad es en realidad el encuentro de un similar. El trabajador del turismo, en tanto que tal, está dotado de una serie de atributos que lo vuelven distinto de cualquier local que podría encontrarse en la calle. Cabe conjeturar que el trabajador del turismo sería una especie de local “domesticado?, o mejor, un local normativizado en tanto está inserto y encarnado en una red de formalizaciones o codificaciones sociales propias del campo turístico, y puesto que así al turista le resulta una figura más “confiable? que la de un local “a secas?.

En resumen, dos dimensiones merecen la pena remarcar al final de este apartado: por un lado, subrayar la importancia del desplazamiento físico que realiza el turista en la medida que este expresa el deseo de conocer más en profundidad el espacio del “otro? y al “otro?, tomándose un espacio-tiempo de su vida para ello. En este deseo de conocer, se observa materializado el imaginario del viaje como ensanchamiento espiritual, intelectual, subjetivo, etc. Por otro lado, se analiza cómo ese conocimiento del “otro? se exotiza congelándose en su opuesto: no se conoce al “otro? deseado, sino que se lo escamotea en la figura del local que trabaja para el turismo. Aquél con el que verdaderamente se profundizan las relaciones es con el “otro-turista?. De acuerdo con los casos analizados, el campo del turismo construye un sentido común en el que la seguridad y la confianza, encarnadas en una serie de codificaciones que niegan al “otro-local?, se erigen como ejes rectores de la experiencia en el espacio-tiempo del viaje.

El conflicto con la alteridad

El viaje turístico es un espacio de yuxtaposiciones culturales, de partidas, de transitoriedades, de reasentamientos, de aprendizajes y de regresos. Es un lugar de residencia no habitual que permite que surja lo que se construye imaginariamente como lo inesperado, lo imprevisible. Una fuga, experiencias indeterminadas que escapan del control por parte del sujeto y también de la industria turística. Y este punto de tensión trae unos interrogantes: ¿cómo el turista entiende, recodifica, explica situaciones donde no todo resulta evidente, ni todo está homologado en la experiencia viajera?, ¿dónde surge la posibilidad del conflicto? Se hipotetizará que en las representaciones de las prácticas viajeras, el “otro-local? es fuente de conflicto, en tanto este aparece en situaciones que son concebidas como “incomprensibles? desde la matriz de pensamiento de los turistas, y por ende se lo excluye del espacio-tiempo del turismo. Esta clave de lectura se ve reforzada también en el análisis de las representaciones del gerente del hostel, en las que se observan reproducidas al interior de la natividad la relación desigual entre turistas y locales.

– “ayer fuimos con un amigo al shopping y cuando salimos del auto le tuvimos que pagar a un hombre dos pesos y le pregunté a mi amigo por qué y me dijo que se supone que te cuidan el auto, pero si no pagas el dinero van a romper! (risas) me hizo reír porque nunca oí nada como eso en los Estados Unidos? (Erika: anexo, 20).

– “la lengua es lo menos familiar (risas), pero también vi mucha gente frente a los bancos reclamando por algo. Quizá esto esté en todos lados pero es nuevo para mí. Es triste porque no me gusta estar asombrada cuando la gente esta sufriendo o enojada por algo, trato de entender pero para mí es imposible? (Sara: anexo, 38).

– “si, Comodoro, Comodoro Rivadavia porque por primera vez vi en centro de ciudad, que los centros de ciudad en Argentina son muy seguras, vi gente por la calle tirada tomando cola, medio feo. Una vez salí del hotel a las 7 de la mañana porque me desperté temprano, estaban muchos borrachos por la calle hinchando pelotas, y no me gustó y me fui. La única ciudad donde tuve esa impresión? (Marco: anexo, 84).

Lo que estos ejemplos intentan ilustrar es que en el viaje se producen situaciones conflictivas que exceden lo previsto por la industria turística. La experiencia vivida del viaje es irreductible a cualquier estructura que intente determinarla. Una de las premisas en las que se apoya la industria turística es en la capacidad de roturar un terreno de seguridad, armonía y placer. Sin embargo, es la experiencia vivida de los turistas entrevistados que realizan un tipo de “viaje por cuenta propia?, en el contexto de una sociedad asimétricamente estructurada, lo que rompe con aquella pretensión.

Ante la situación construida como inesperada, el habitus del turista responde desde la extrañeza, el asombro, la tristeza, la imposibilidad de la comprensión del “otro?. Es notable advertir en estas representaciones de los turistas que, del lado de todo aquello que genera cualquier alteración del orden de la percepción y de los estereotipos imaginarios, se encuentra la figura del local. Es decir, el “otro-local? aparece exotizado, idealizado mientras forma parte del campo turístico (mozas/os, empleadas/os del hostel), pero en la representación de las prácticas viajeras que no se hallan codificadas se presenta un “otro-local? al que es imposible comprender (3). Se puede plantear que estas representaciones parten desde un capital legítimo que recorta los posibles de un campo dejando afuera todo aquello que busque alterarlo.

El que protesta en el espacio público, el marginal que toma “cola?, el cuidador de autos, son los retratos del “local? ante experiencias inesperadas, pero por sobretodo constituye la figura del dominado. Produce asombro porque sus prácticas no ingresan en la matriz representacional, o bien están fuera del campo de nominaciones legítimas de los turistas. La industria turística postula el espacio –público o privado- como lugar para la diversión, el placer, la seguridad; en consecuencia, cualquier manifestación que escape a ese requerimiento resulta “anormal?. De esto se desprende la relación de desigualdad que definen al par turista/nativo. Uno disfruta y el “otro? le sonríe para su deleite. La condescendencia, la buena conciencia del turista no alcanza a amenguar esta distancia que es tanto económica, como cultural y social. Nuevas figuraciones de lo legítimo y lo degradado se edifican. Las problemáticas que emergen en el campo turístico poseen por ello una importancia política (4).

Es de nodal importancia observar, en los ejemplos expuestos anteriormente, cómo chocan diferentes estrategias de posicionamiento en el campo. La noción de habitus permite explicar la articulación, el cruce entre las estructuras y las prácticas. El habitus es una estructura estructurante de prácticas, estructura (in)corporada -cognitiva, perceptual- a partir de la cual se aprecia y vivencia el mundo desde un lugar determinado del orden social; “…es una capacidad infinita para engendrar productos –pensamientos, percepciones, expresiones, acciones- cuyos límites han sido instaurados por las condiciones históricas y socialmente determinadas de su producción…? (Bourdieu: 1987, 134). En este sentido, las representaciones de los turistas se construyen desde una posición particular, es decir, en una sociedad desigualmente organizada “…las distancias sociales están inscritas en los cuerpos o, con más exactitud, en la relación con el cuerpo, el lenguaje y el tiempo…? (Bourdieu: 1987; 132).

Lo que en los casos citados aparece es esta colisión entre dos modos de percibir el mundo: uno legítimo –que desde el buen sentido se lamenta por el “otro?- y otro ilegítimo. La extrañeza producida en los turistas se efectúa ante la introducción de una dosis de imprevisibilidad en la codificación de las prácticas. Un orden simbólico aparece alterado por situaciones que no estaban pronosticadas, y tal es el gesto de Marco: “no me gustó y me fui?. Deja el territorio porque le excede un orden de sentido que rompe con los criterios de formalización que organizan la experiencia ‘normal’.

No es menor poner énfasis en lo atinente a la exclusión del local. Como se dijo, el turista y el nativo están insertos en una relación de fuerzas, en la que uno de los términos se define por lo que no es el otro (5). En la entrevista con Pablo, el gerente del hostel, puede verse la representación de esta exclusión reproducida al interior del “nosotros-nativos?:

– “También intentamos fusionar la gente argentina con el turismo y no nos ha salido bien. Han robado los argentinos, siempre tuvimos problemas, me cuesta decirlo, me duele, nos duele, pero por desgracia hemos tenido hace tres días un robo de un argentino que vino … Hemos tenido buenas experiencias con chicos argentinos, ojo, divinos, que han estado 7, 8 meses, pero también hemos tenido problemas y hemos tenido que extirparlos a los argentinos. Ya no aceptamos más, ni siquiera mucha gente del interior, salvo gente que haya estado en el hostel, conocida, que haya estado bien… con argentinos malas experiencias, chicos, cierren las puertas. Yo supongo que no sólo con los argentinos, si yo tuviera un hostel en Brasil tendría problemas con la gente local. Con el chico belga que viene acá, ustedes pueden hacer una linda nota, él labura en un hostel en Bélgica y allá no admiten belgas… te quitan espacio para poder vender turismo, o una cerveza. Nosotros tenemos precios accesibles, la cerveza está 3 pesos con 50, en el quiosco está 3 con 20 o 3 con 50, es bajo el costo, nosotros no afanamos, pero si viene un argentino y está acá y le dice “vamos a un quiosco que esta 3 pesos, no vas a pagar acá 3 con 50?, y chau. Si vos querés organizar algo, y el tipo se lleva por su cuenta, perdiste. Y el turismo es venta de turismo, venta de paquete y ese es el negocio, si tenés gente que acá que te obstaculiza ese negocio es malo. Básicamente creo que tiene que ver con eso el tema de los locales…? (Pablo: anexo, 128-129-131).

El local es fuente y fundamento del conflicto porque al parecer tiene un manejo del campo más diestro que el turista. Lo que puede leerse es que en el interior de lo “local? se reproducen relaciones de poder en las que se polarizan los campos de sentido. El esquema lógico-práctico sería el siguiente: el turismo es un negocio, y los turistas traen dinero, ergo todo aquello que entorpezca el negocio, hay que excluirlo. En todo campo hay lo que se llama un sentido práctico, una lógica práctica intrínseca al juego en el que la experiencia (sobre todo la que sedimenta el pasado) juega un papel primordial. El ‘local? rivaliza con el gerente y uno de los dueños del hostel –que no se reconoce como local- en tanto que le disputa su legitimidad a la hora de hacer negocios. En esta lucha se pone de manifiesto una vez más una violencia simbólica, la de la clasificación legítima y, en el mismo plano, la dominación del espacio. Espacio en el que los locales no pueden tomar cuerpo (ni voz) porque “hay que extirparlos?. En palabras de Harvey,“… la capacidad de influir en la producción del espacio constituye un medio importante para acrecentar el poder social? (1998, 259). Un poder que reside en la propiedad material y simbólica.

En resumen, cuando el nativo, aquél que no trabaja en la industria turística, es representado en situaciones definidas como conflictivas, encarna la figura de lo ilegítimo. Escapa a las codificaciones y formalizaciones del campo turístico en la medida en que es etiquetado (valorado negativamente) y así conducido a los márgenes del mismo. El local encarna entonces una figura ambigua, es decir, es una fuente de atracción pero no de relación material. Es más atractivo cuanto es más exotizado y más responde al imaginario que de él se tiene. De acuerdo a las representaciones que construyen los turistas, el local es percibido de un modo conflictivo en tanto está por fuera de los modelos de comprensión propios del campo simbólico y material. En cuanto a las representaciones que construye Pablo sobre el local, el conflicto se evidencia en la medida que este aparece como la figura del “ventajero?, así como del “ladrón?, que se aprovecha de la supuesta ingenuidad del turista e interviene negativamente en la rentabilidad del negocio del hostel.

En las situaciones construidas como imprevistas, o poco codificadas al interior de la industria turística, el local aparece como la figura que pone de manifiesto el conflicto en tanto encarna lo excluido, lo degradado desde el parámetro de las nominaciones legítimas en el espacio-tiempo del viaje.

Hostel: hogar lejos del hogar

El recorrido de este apartado tendrá como objeto desmenuzar el modo en que el espacio-tiempo del hostel prescribe y permite prácticas. Estas se hallan en estrecha relación, por un lado, con una recuperación de la metáfora hogareña, y por otro, con el uso de las nuevas tecnologías. Se focalizará cómo esta metáfora opera en la construcción de un espacio armónico e interconectado que tiende a (re)localizar sentidos de pertenencia y socialización. Es decir se analizará cómo un espacio-tiempo se organiza –funcional y discursivamente- definiendo de ese modo determinadas relaciones entre los sujetos.

En Argentina, los hostels proliferaron a partir de la devaluación de 2002 que generó un boom turístico que quintuplicó el número de turistas en el país (6). Esto hizo que la oferta hotelera se diversificara y expandiera en pos de captar los diferentes segmentos de consumidores de un mercado en crecimiento. El hostel se define -a partir de la muestra de entrevistados, del gerente del mismo y del target al que apunta dentro de la industria turística- como un espacio cuyos rasgos distintivos radican en recibir un turismo joven, ser una opción más económica, ofrecer habitaciones, baños, y cocina compartidas, proveer servicios y espacios para la navegación libre en Internet, televisión por cable, equipo de música, sala de estar, etc.

En consonancia con lo dicho, puede decirse que la lógica del hostel se explica dentro del contexto histórico del capitalismo flexible. El rechazo del turismo de masas y los viajes “por cuenta propia?, el interés por la diversidad cultural y los consumos diferenciados, los crecientes flujos de información sobre los destinos turísticos y las atracciones exóticas, forman parte del modo en que se organiza el turismo en la actualidad (7), y también del segmento de mercado que intenta captar el hostel en particular. En su singularidad, el hostel puede entenderse como un espacio des-diferenciado con el hogar en la medida en que su organización espacial pone énfasis en los espacios compartidos que permiten la socialización.

Pablo, gerente y uno de los socios del hostel donde realizamos el trabajo de campo, explica el surgimiento y la lógica interna de los hostels en Argentina:

– “A partir de la devaluación se empezó abrir este auge de lo que es el turismo y la hotelería y, se habrán abierto bastantes hoteles más me imagino, o los hoteles que no estaban funcionando bien, que estaban funcionando como hoteles de pasajeros, más pensiones, se han puesto un poco más acorde a lo que es ahora, y empezó esta idea de turismo joven, de una opción más económica, un poco conectada, por lo menos desde nuestro hostel, con lo que es el argentino, porteño? (Pablo: anexo, 114).

– “En general es un ambiente de jóvenes, viejos abstenerse, el que tiene más de 35 no ponga un hostel, no le va a ir bien: es así? (Pablo: anexo, 126).

Tanto los hostels, los hoteles como las pensiones, etc. son lugares de tránsito, de pasaje, de partidas y de regresos, de yuxtaposiciones y pujas culturales. Tal como señala Pablo, el hostel que maneja intenta recuperar como estrategia diferenciadora la idea-imagen de conocer “lo argentino? (analogado con “lo porteño?) en su propio hogar. En otras palabras, se construye un espacio en el que reside cierta autenticidad local. Las marcas estructurantes del hostel se hallan en la organización de espacios comunes como ser la cocina, el living las habitaciones y baños compartidos, es decir, lo que el sentido común construiría como un hogar donde moren los ideales de fraternidad, calidez y tranquilidad. El hostel reúne a viajeros en un espacio donde se comparten rutas de viaje y experiencias vividas.

– “si, en general puede ser que hayan sido casas recicladas, nosotros tenemos bastante espacio y lo hemos aprovechado de una manera. Obviamente sabemos que en todos los hostels hay salas de estar, eso es común, por eso había que tener una sala de estar, un living con una televisión, un lugar donde la gente está. Como las habitaciones son compartidas, la gente quizá no puede estar en la habitación tranquila y se viene acá. Después está la sala de Internet, donde muchos la tienen, pero nosotros tenemos una habitación destinada a Internet y a juegos, folletería, una biblioteca con guías de turismo, un sillón para que la gente se siente a planificar si quiere sus viajes? (Pablo: anexo, 117).

Este Hostel en particular es una casa reciclada cuya estética responde una mezcla de estilos que remiten al pastiche posmoderno. Retoma la estructura de la vieja casa chorizo, reciclada en función la optimización de los espacios: paredes y fachada de colores fuertes y diferentes entre sí (azul, rojo, naranja, amarillo, etc), habitaciones que se reúnen en un patio central, un living donde están los sillones (puffs), la televisión y equipo de música con CD’s para escuchar, la sala/biblioteca donde está la computadora que permite la navegación libre por Internet, estantes con diversas guías y mapas de Argentina y otros países, la terraza que tiene un quincho con parrilla y reposeras, etc . Pablo responde en la entrevista sobre la estética del hostel:

– “… lo que yo pensaba era que el que venga tenía que entrar y que sea la algo como alegre, como lindo, que de calidez, tranquilidad. La zona es tranquila, así que eso lo vendemos, nosotros vendemos que es una zona tranquila, que es a pocos minutos del centro, cosa que no estés en San Telmo, donde saliste, y por desgracia es así, pero esta lleno de cartoneros, mucha gente en la calle, hay choreo, afanan, vos venís acá y es tranquilo el barrio. Te levantas a la mañana y están los pajaritos, no hay ruidos, como en San Telmo y todas esas zonas, acá obviamente estas más alejado de lo que tenés que ver, pero es cerca, tenemos el subte a cinco cuadras y con eso se equipara bien, la gente se mueve en subte? (Pablo: anexo, 116).

A partir de lo dicho por el entrevistado, se pueden vislumbrar tres ejes rectores de la metáfora hogareña del hostel y cómo esta funciona dentro del campo turístico. En primer lugar, el hostel que estudiamos se posiciona comercialmente como un lugar de tranquilidad, distanciado de los conflictos propios de la ciudad de Buenos Aires. El centro de la ciudad es retratado por Pablo como un lugar que alberga la marginalidad y la corrupción. Dentro de un gesto romántico, “el barrio? es retomado como un lugar donde prima la armonía, la naturaleza y cierta esencia de “lo porteño?. En segundo lugar, la ubicación geográfica del hostel, alejada “de lo que tenés que ver? -en este caso, el centro de la ciudad- funciona en un doble juego de ambivalencia propio de las pujas por la legitimidad que se dan en todo campo. Si estar alejado del centro le otorga al hostel un valor positivo por la distancia que lo separa de lo degradado de la urbe; también, por otro lado, se utilizan estrategias de acercamiento al centro –dice Pablo: “[al centro se llega en] pocos minutos con el subte?- en la medida que resume lo legítimo de los recorridos turísticos. Por último y condensando los dos ejes anteriores, la estrategia de localización del hogar también se explica dentro de las oposiciones: hogar-ciudad, barrio-centro. La reclusión en la tranquilidad del hogar de barrio se edifica antagónicamente frente a un imaginario que construye el centro de la ciudad como degradado.

-“nuestro perfil como hostel es el lugar donde uno querría vivir, donde nosotros iríamos de vacaciones, ese es el lugar que nosotros creamos. Yo viaje muchísimo, Silvina también. Yo estuve 5 meses en Europa, en Estados Unidos, Cuba, Brasil ni me acuerdo cuántas veces, Chile, mucho turismo interno, Sudáfrica, Australia, viví en Madrid 5 meses. Básicamente, hicimos un lugar que sea como nuestra casa, donde nos sentiríamos cómodos si viajáramos ahí, donde el tipo que venga se sienta como en su casa, que no tenga muchas restricciones… vienen, flashean con este lugar, nosotros intentamos que sea como una comunidad, por un lado, pero bueno es una comunidad con restricciones. Es un negocio ante nada, tiene sus reglas. Y la gente se va trastornado y flashean que es “su? [enfatiza] lugar y hacen lo que quieren y uno no puede hacer lo que quiere en ningún lugar que comparta con gente? (Pablo: anexo, 128-129).

Se ve claramente cómo se postula el imaginario de un espacio que guarda relación con el hogar deseado y la armonía comunitaria, a partir de un discurso que legitima sus prácticas desde un capital que se construye como legítimo. Esta sabiduría legítima le permitiría saber cuál es ese lugar en el que a todo turista le gustaría albergarse. Es decir, un hogar lejos del hogar. Harvey dice que en el marco de este modelo de acumulación flexible se produce una suerte de vuelta a las raíces. “El renovado interés por las instituciones fundamentales (como la familia y la comunidad), y la búsqueda de raíces históricas, son signos de la búsqueda de vínculos más seguros y de valores más duraderos en un mundo cambiante… La casa resulta un museo privado para protegerse de los estragos de la compresión espacio-temporal? (Harvey: 1998, 323). El hostel, en su gesto de recuperar la metáfora hogareña, también relocaliza la experiencia del viajero en el espacio-tiempo del “otro?. Este resituarse en otra configuración espacio-temporal hace del hostel el lugar privilegiado para el enraizamiento hogareño. El turista conoce otros viajeros, recorre la ciudad con ellos, se siente contenido socialmente con sus pares quienes también necesitan reasentarse en un destino que no conocen. Los turistas entrevistados, reconocen que el hostel es un espacio de tranquilidad, comodidad y socialización.

– “¿en qué lugar del hostel te sentís más cómoda? / L- aquí (en el living) / – ¿por qué? / L- porque no hace tanto calor, porque puedo ver tele y tomar cerveza (risas)? (Leonor: anexo, 51-52).

– “aquí en la terraza es muy relajado, hay una linda vista y te podés acostar en las reposeras / – ¿y por qué elegiste un hostel para hospedarte? / S- creo que primero porque es más barato y podés conocer más gente. Si vas a un hotel por tu cuenta es todo más individual. También en mis últimas 2 semanas voy a quedarme en una casa de familia (Sam: anexo, 65).

– “¿estás cómodo acá en el hostel? / R- sí – ¿en qué lugar del hostel te gusta estar mas? /
R- en el living / – ¿por qué? / R- porque estoy como en casa, puedo estar sentado, mirar la televisión, pasa la gente, es tranquilo, es cómodo, estoy como en casa? (Rafael: anexo, 75).

– “sí, muy familiar, se puede hacer lo que quieras siempre con respeto a las reglas que tiene que haber. / – ¿en qué lugar del hostel te gusta estar más? / M- aquí (en el living) / – ¿por qué? / M- es un lugar de agregación, de socialización. Si yo usara Internet yo no te escucho. Me gusta por eso, están los que llegan, los que esperan? (Marco: anexo, 79).

– “¿en qué lugar del hostel te gusta estar más? / E- aquí, en el living, pero en todas partes. / -¿por qué? / E- porque podemos charlar todos, con quien viene, con quien busca alguna información, y porque es un lugar común porque se puede conocer mas personas. En la habitación no tanto porque me quedo sola con Sara y ya conozco todo de ella, entonces el mejor del hostel es aquí y en el living? (Elenha: anexo, 92).

– “¿entonces para ustedes hay una diferencia entre un hostel y un hotel? / F- si / – ¿cuáles? / F- cosas tan simples como que en un hotel uno va a tener su pieza, y también la predisposición que tiene la gente. En un hotel la persona llega, se mete en la habitación, y sale a recorrer. Entonces el contacto con la gente es mínimo, y tampoco tienen interés en compartir con la gente del lugar. En cambio en el hostel que compartes todos los espacios, porque en el hostel la pieza no es lo fundamental, sino que es el espacio común, y la gente va predispuesta a tener contacto con la gente que está en el mismo lugar, y por eso se arma toda esa onda de salir todos juntos al mismo lugar. Y está el contacto ese de que todos cuentan adonde fueron, toda la gente va opinando y uno se puede hacer una opinión para ir a conocer los lugares que todavía no ha ido? (Felipe: anexo, 100-101).

– ¿dentro del hostel qué lugar les gusta más o están mas cómodos? / C- yo creo que dónde está la televisión, el living (Cristian: anexo, 102).

– ¿en qué lugar del hostel te gusta estar mas? / S- todos /- ¿hay alguno que te guste mas que otros?/ S- no, todos /- ¿por qué? / S- porque estoy cómoda en todos (Sara: anexo, 113-114).

El living es el lugar elegido: allí se puede socializar y pasar un momento de disfrute: ver televisión y tomar cerveza. Entre la opción más económica, la sensación de tranquilidad y el contacto con otros turistas se materializa el modo en que los turistas le asignan sentido al espacio en que se hospedan. Encontrar un hogar lejos del hogar es el modo que tienen los turistas de experimentar el espacio del “otro?, que pasa a ser su espacio, o bien el espacio compartido por una “comunidad?. El hogar es el núcleo duro entre la producción del espacio y las formas de representarlo. El hostel ofrece espacios comunes que son usados por los turistas para llevar a cabo sus actividades actualizando la armonía hogareña.

A partir de la observación participante, es posible observar además de la apropiación simbólica del espacio, las prácticas materiales allí dadas:

– “Nos aproximamos al living, y allí estaban Sara, una turista norteamericana que había llegado hacia unos días, pero nunca la habíamos encontrado. También estaba sentado mirando tele, tomando una cerveza y charlando en inglés con Sara, Rodrigo. Saludamos a ambos, y le preguntamos a Sara –ella tomaba agua- si quería ser entrevistada, ella le preguntó a Rodrigo si era difícil la entrevista y él le respondió, bromeando, que si, que le preguntaban cosas como ´por qué viniste´ y ´vos respondías por tal y tal cosa´, y te volvían a preguntar, ´por qué tal cosa´. Nos reímos todos de la broma de Rodrigo. Cuando empezamos la entrevista -hecha en inglés-, Rodrigo apagó la tele y se fue. Sara era muy extrovertida y a pesar del calor tenia puestos jeans, pero estaba descalza. Al rato llegó Juliana, nos saludó y se quedó sentada escuchando la entrevista. Tiempo más tarde, llegó un conocido de Sara, era un joven de unos 25 años, que era camarero de un restaurant que había conocido y con quien salía a visitar la ciudad. Nos contaron que visitaron varios lugares menos la Bombonera, donde no los dejaron entrar gratis. El amigo de Sara se quedó en el living mientras la entrevistábamos, y cuando terminamos la entrevista se quedaron un breve lapso de tiempo juntos y se fueron para la calle.? (Anexo, 139).

-“Al rato llegaron Juliana y dos brasileñas mas a quienes habíamos cruzado por el hostel pero no entrevistado, ni entablado charla. Se llamaban Elenha y Sara. Nos saludaron y se pusieron a cocinar. Juliana se quedo hablando con nosotros. Le preguntamos como iba su curso de español, y dijo que estaba un poco cansada, porque llegaba dormía una siesta, leía un poco y salía a recorrer. Nos contó que el 26 se iba a Mendoza, que le habían contado que era muy lindo, y que había decido irse y quedarse hasta que termine el fin de semana. Debido a que estaban cocinando el clima se hizo más caluroso y había un poco de humo. Al rato subió Pablo y las cargaba diciéndoles que no sabían cocinar. Cuando terminaron de cocinar, se acercaron a la mesa con la comida preparada: eran panchos, pero con el doble de condimento al que estamos habituados, le sumaron carne, salsa fileto y queso fundido. Eran realmente enormes. Después de un momento, llegaron a la cocina Rodrigo y Rafael, otro turista brasileño al que todavía no habíamos entrevistado. Se iban para Las Cañitas y nos preguntaron qué colectivo tomar, le sugerimos algunas líneas de colectivo. Aprovecharon también para que les contemos acerca de la Costa Atlántica, ellos querían ir a Pinamar o a Mar del Plata y mas o menos le caracterizamos ambos lugares, sugiriendo que conozcan todo lo que puedan. Nos agradecieron y se fueron. Luego se sentó en la mesa con Juliana, Elenha, Sara y nosotros, Pablo que nos contó de su trabajo de camarógrafo para el Canal Infinito, y nosotros le contamos de nuestra tarea académica en congresos, jornadas. A eso de las 22 horas, saludamos y nos retiramos, ellos se quedarían charlando hasta tarde. Nos volvimos caminando. Recién en ese momento nos dimos cuenta que el hostel era más cerca de lo que pensamos. Acordamos ir caminando o en bicicleta? (Anexo, 141).

– “Unos minutos más tarde, se escuchaba un fuerte bullicio que llegaba desde la calle, y eran las chicas brasileñas –Juliana, Elenha y Sara- que llegaban de un paseo con Diego en su mentado auto rosa descapotado. Inmediatamente, entraron en la sala cantándole en portugués el feliz cumpleaños a Rodrigo, interrumpimos la entrevista para sumarnos al festejo. Luego de unos minutos de probar una torta hecha por las chicas, retomamos la entrevista. Rafael se interesaba por lo que le preguntamos y utilizaba muletillas del tipo ´dejame ver´ o ´deja mucho que desear´. Era muy simpático. En las postrimerías de la entrevista, Pablo cantaba en la recepción con las chicas brasileñas, lo que hacia que tuviésemos que hablar mas fuerte? (Anexo, 145).

-“Nos sentamos en el pasillo, y en el living estaban tirados –literalmente- durmiendo los dos turistas chilenos: Felipe y Cristian. Julio [el conserje] los quería despertar pero le dijimos que no, que esperábamos que se levanten. Después de unos veinte minutos uno de ellos se asomó a la puerta, era Felipe: alto y de barba, nos saludó con un beso, y le contamos acerca de nuestro trabajo. “que bueno!? exclamó. Atrás nos siguió Cristian, mas bajo y con anteojos de pasta anchos. Fuimos a la terraza, la noche estaba linda, se escuchaban ritmos de comparsa del carnaval porteño, que se desarrollaba unas cuadras cerca de allí. Les preguntamos si habían ido al carnaval, nos dijeron que se habían cruzado con gente disfrazada pero que no entendían bien de qué se trataba? (Anexo, 147).

Todo espacio supone un uso, y el mismo posee una codificación, pero también todo uso es activo y por tanto acoge desvíos de esos códigos. Los turistas se apropian del living para tirarse a dormir por la tarde, o para recibir amistades; de la sala de Internet, de la terraza y de los pasillos para ser entrevistados o para festejar un cumpleaños; de la cocina para quedarse charlando hasta tarde. El cuerpo entra en una relación dialéctica con la estructura que organiza el espacio-tiempo. De este modo, es notable visualizar cómo ésta última a la vez que puede definir la relación entre las personas, o las actividades a realizar, también se encuentra desbordada por la práctica específica de un cuerpo. Podría concluirse que emplazadas en las reglas, las prácticas así como los discursos sobre éstas buscan dibujar su propio espacio-tiempo.

Retomando el análisis de la metáfora hogareña, merece la pena señalar cómo la misma encuentra su contradicción cuando se anteponen las reglas que estructuran la rentabilidad del negocio del hostel. Estas reglas son las mismas que organizan conflictivamente las prácticas viajeras. Si el mito del viajero recae en la libertad de hacer y moverse por el mundo a voluntad, este imaginario se deshace cuando se desnaturaliza un espacio, como el hostel o los enclaves turísticos, y se observa cómo estos lugares restringen aquella libertad ideal que estructura el sentido común del turismo. Así como declara el gerente del hostel, determinadas reglas formalizan aquello que se puede hacer y aquello que no en un determinado espacio-tiempo.

– “acá y supongo que en ningún hotel, ni ningún hostel. Acá en una habitación no podes entrar [con otra persona], obviamente menos en una compartida porque hay otras personas pero en las simples tampoco porque las personas no pueden dormir en el hotel sin estar registradas? (Pablo: anexo, 122).

Lo que está en cuestión en un espacio-tiempo particular es quién posee la autoridad legítima para clasificar y permitir determinadas prácticas y no otras. Estas son las pujas que reflejan los conflictos que se dan al interior del hostel. Toda sociedad se organiza a partir de esquemas de percepción y apreciación comunes (habitus, imaginarios unificadores) que aseguran la constancia de una verdad y normatividad en el tiempo. Estos esquemas operan por binarismos: quién puede ocupar ese espacio y quién no, quien dicta las reglas para ocuparlo, y qué prácticas habilita y cuáles no.

– “Nosotros apuntamos a un target mochilero, pero con un poquito más de nivel, quizá la gente que vos puedas ir a buscar a Retiro es gente ‘muy’ [enfatiza] mochilera, sucia, no se baña, las cosas lógicas de un mochilero, pero bueno acá en general viene gente un poco más prolija por decirlo de alguna manera. Quizá el lugar lleva a esas condiciones, a veces? (Pablo: anexo, 120).

– “… nosotros tenemos turismo no de un día, no existe el turismo de dos días que venga a este hostel. En general es gente que viene más tiempo a conocer Buenos Aires. Lo ubicación esta veinte minutos del centro, es un viaje, ir, volver, sobretodo la gente que está acostumbrada a viajar poco, las ciudades del mundo son chicas, Buenos Aires es enorme, uno está acostumbrado a viajar 40 minutos en colectivo, pero la realidad es otra en el mundo. Nosotros no lo recomendamos para gente que venga dos días, obviamente que vengan, bienvenidos, pero yo creo que no les conviene? (Pablo: anexo, 127).

Es central indicar cómo la autoridad sobre un espacio-tiempo segmenta un target particular y autoriza determinadas prácticas consideradas legítimas. Se puede hospedar un mochilero “no tan mochilero?, que se aloje durante una estadía larga, ya que la ubicación del hostel –lejos del centro- configura una movilidad específica, a la hora de conocer lo que “tiene? que conocer. En resumen, tiempo y espacio como dimensiones reguladoras de la experiencia social.

Sin embargo, la antes mencionada tranquilidad comunitaria se complejiza cuando advienen las contravenciones a las normas. En este sentido, es interesante notar cuáles son las fugas y los conflictos dentro del orden que cualquier espacio-tiempo impone:

– “Han robado los argentinos, siempre tuvimos problemas, me cuesta decirlo, me duele, nos duele, pero por desgracia hemos tenido hace tres días un robo de un argentino que vino, se alojó gratis porque supuestamente nos hacia un canje publicitario. Eso fue ingenuo de nuestra parte, y le robó la laptop a un chico que era la séptima vez que venia al hostel, un pibe muy sencillo, un enamorado del hostel, se queda en el living fumando y mirando la tele, tomando mucha cerveza. Todos las experiencias fueron malas con la gente argentina, siempre tuvimos problemas…? (Pablo: anexo, 129).

– “¿quizá pase que en las estadías largas tenés los quilombos cotidianos de cada uno que se ven reflejados en el hostel? /P- exactamente. Claro, entonces, terminas siendo una pensión, se vuelve un conventillo, que en las épocas malas no podes excluir a nadie, yo no tengo el resto para hacerlo, y plata de mi bolsillo no tenemos para poner ni yo ni mis socios, entonces de alguna manera hay que mantener el lugar, entonces estamos intentando que argentinos, no. Tenemos gente mensual europea que viene a laburar, que viene en otro plano, más tranquila y hace turismo también? (Pablo: anexo, 130-131).

El hostel, como espacio comercial, intenta expulsar el conflicto o cualquier situación que pueda alterar el orden preestablecido. Cuando esto no ocurre, se pone en cuestión la representación misma del propio espacio-tiempo: del hostel a la pensión. La figura del “local? (argentino) representa el conflicto (8), es la imagen que viene a quebrar la armonía: en suma, la causa del conventillo. El contrapunto que esgrime Pablo entre turistas (“europeos?) y nativos (“argentinos?) marca la desigualdad que constituye a esta relación en el campo del turismo. Ahora bien, es importante fijar la atención en cómo la rentabilidad del negocio cierra filas. El argentino genera situaciones conflictivas y por eso debe ser expulsado, sin embargo “en las épocas malas no podes excluir a nadie?.

El hostel -en su condición posmoderna- repone la metáfora hogareña poniendo en claro cómo las reglas que permiten la armonía están aunadas con la lógica comercial. Para concluir, el espacio-tiempo del hostel intenta ser un espacio de tranquilidad y de socialización que permite una apropiación por parte de los turistas siempre y cuando no alteren las reglas que estructuran el negocio. Si se produce una alteración en estas, se desarma el orden familiar. Pero cabe decir que esta alteración es producida a partir de la acción del local, y en tanto el local es expulsado del espacio, el hostel deviene un espacio de socialización sólo para turistas extranjeros. En menor medida, sólo los locales que trabajan para el turismo pueden entrar, y relacionarse con los turistas.

En el imaginario familiar nadie está excluido, sin embargo en el espacio-tiempo del hostel se produce la inversión de este imaginario: se expulsa al local. Como se vio anteriormente, el local es romantizado, como parte de la estrategia de posicionamiento del hostel en el mercado, en términos de lo autentico “lo porteño, lo argentino?, y en ese gesto se encubre una exclusión material del mismo por ser nominado como agente del conflicto.

Conexiones

Una de las características del capitalismo flexible son los flujos de la comunicación y la información. La metáfora de un mundo interconectado ha dado lugar al mito de la aldea global, en el que la democratización de la sociedad sobrevendría por el alcance que estos flujos tendrían. Información disponible a cada momento y en cualquier lugar. Aniquilación del espacio por el tiempo. En virtud del análisis que aquí se presenta, lo que interesa es pensar cómo la metáfora hogareña que recrea el hostel tiene uno de sus apoyos en la conectividad.

Mercados mundiales, flujos de capitales transnacionales, la movilidad geográfica, la imagen estetizada, la mercantilización de las formas culturales, etc. son algunas de las huellas del capitalismo flexible, así como de la dominación inscrita en el mismo. Harvey le otorga espesor histórico a lo dicho: “Las innovaciones dedicadas a la eliminación de las barreras espaciales en todos estos aspectos han sido de inmensa significación en la historia del capitalismo, convirtiendo a esa historia en un asunto en gran medida geográfico: el ferrocarril y el telégrafo, el automóvil, la radio y el teléfono, el aeroplano y la televisión, y la revolución de reciente de las telecomunicaciones pueden tomarse como ejemplos? (1998, 258). Estar comunicado a todo momento en todo lugar es una necesidad que se imparte desde la lógica del capital financiero, que no hace sino establecer un sentido común en el sistema urbano global.

El gerente del hostel, Pablo, refiere a la importancia de la red de redes en lo que hace al negocio del hostel.

– “… entonces entro yo para cambiar lo estético, empiezo a hacer la página Web, cosa muy importante en lo que es el hostel, todo lo que se mueve acá se mueve por Internet. Creo que hicimos un buen trabajo con eso sobre todo en lo inicial y después continuarlo durante bastante tiempo subiendo a páginas, publicando. Nosotros publicamos en papel solamente para cuando el cliente venga y pueda tener un lugar donde el hostel esté presente, donde el tipo vea que el hostel existe en un lugar y esté en el mapa, pero creo que nunca haya venido nadie por publicar en papel? (Pablo: anexo, 118).

– “se hace todo por Internet y muy poco por teléfono, todo por Internet, hay muchas páginas gratuitas, muchas páginas pagas, es cuestión de moverse mucho, nosotros hacemos mucho movimiento con lo que es convenios con empresas, presentarse en las agencias de viaje, a las escuelas de fotografía, a las escuelas de cocina, a todo eso? (Pablo: anexo, 119).

– “En Internet tenemos nuestra página, tenemos páginas que nuclean hostels, páginas argentinas, páginas extranjeras y páginas especificas, y muchas veces linkeamos, es decir compartir, o sea vos le pones publicidad en una página y la otra pagina te pone publicidad en la tuya, con muchas páginas de muchos hostels del mundo, de muchas escuelas? (Pablo: anexo, 119).

La importancia de lo virtual radica en que el hostel puede estar siendo publicitado en diversas páginas del mundo al mismo tiempo. El gerente reconoce que el segmento de mercado que visita al hostel reserva plazas Internet mediante. Se desprende de lo dicho por Pablo que el modo de posicionar el hostel en el mercado turístico es a través de la publicidad en Internet. “…las imágenes de la publicidad y de los medios… desempeñan un rol mucho más integral en las prácticas culturales, y hoy alcanzan una importancia mucho mayor en la dinámica de crecimiento del capitalismo? (Harvey: 1998, 317). Dos rasgos de época: Internet y la ubicuidad del discurso publicitario en lo que concierne a la reoganización de las prácticas socio-culturales.

Internet se distingue de otras mediaciones –el operador turístico, las guías de viaje, folletos, etc.- porque permite al turista organizar el viaje “por cuenta propia?. Según la muestra analizada, los turistas eligen el lugar donde se hospedarán en el destino desde Internet:

– “por Internet, me puse a buscar y me metí en la página del hostal? (Marco: anexo, 79)
– “¿cómo lo encontré? … en Internet, estuve mirando todos los diferentes hostels en Buenos Aires y por razones de dinero y tratando de encontrar cuál me gustaría más… y acá pocos hostels tienen Msn Messenger y puedo hablar y mandar mensajes instantáneos / y también tienen Internet gratis. /S- si!!! Entonces hablé con uno de los chicos de acá y consulte muchas veces, creo que por tres semanas qué tal esto, que tal lo otro…? (Sara: anexo, 41).

– “por Internet. Por una búsqueda por Internet, y vine a este por cuatro días porque era el único que tenia la habitación privada, vine acá por cuatro días para después buscar otro, porque me gusta pero está lejos [de la sede de sus estudios]? (Michele: anexo, 24).

– “miré en Internet para reservar el hostel, también reservé el curso de español que estoy haciendo? (Sam: anexo, 54).

– “Hice una investigación en Internet y vi que Buenos Aires era un lugar agradable, una ciudad grande que mantiene parecidos con Brasil… por Internet. La información turística de Argentina es muy buena, cada provincia tiene su sitio de turismo: Córdoba, Patagonia, Mar del Plata y se hace mucha más propaganda que Brasil. Hasta para conseguir cambio, por ejemplo. La estructura turística de Brasil deja mucho que desear en comparación con Bs. As.? (Rafael: anexo, 66-67).

Estar conectado constantemente: sea para promocionar el hostel así como para contactarse y hacer sus reservas en el mismo, sea para mantenerse vinculado con la familia o los amigos del lugar de origen, sea para organizar el viaje en el destino turístico. Todos hallan en Internet una instancia de comunicación fundamental para el viaje. Señala Harvey a este respecto: “La condición efímera y la comunicabilidad instantánea a través del espacio se convierten entonces en virtudes que pueden ser exploradas y explotadas por los capitalistas para sus propios fines? (1998, 318). El turista navega por la Red en pos de cerciorarse del lugar al que irá, es decir intenta manejar el espacio del destino desde la distancia. Desde ese momento intenta apropiarse del mismo.

Como puede comprobarse en el cuaderno de campo, era usual llegar al hostel y encontrar a algún turista chateando o enviando mails a sus familiares, parejas, amigos, etc.

– “En la sala de Internet estaba Michele una joven brasileña, quien aceptó que la entrevistemos? (Anexo, 137).

– “Si bien era tarde, Elenha que estaba en la sala de Internet accedió a ser entrevistada. (Anexo, 143)

– “Fuimos a la sala de Internet, y nos sentamos en el sillón… Al promediar la entrevista, Rodrigo entró a al sala para utilizar Internet? (Anexo, 144).

– “En ese momento llegó Natalia, y en la sala de Internet, donde estábamos haciendo la entrevista, también estaba Marco navegando por la Red? (En la entrevista a Sara: anexo, 111).

Esta búsqueda de conexión constante e inmediata que cristaliza Internet, aunque también la televisión por cable (9), muestra la potencialidad de las nuevas tecnologías en relación con estar conectado siempre con el propio hogar y también con otros lugares. Cuando el turista está en el lugar de origen media la conexión con el espacio del destino desconocido, y una vez en el destino, media la conexión con el hogar.

En conclusión, el hostel es un hogar interconectado. Estar en todos los lugares del mundo como en su propia casa supone que el espacio-tiempo habitado en el destino turístico guarde relación –en cuanto a la tranquilidad, la sociabilidad, la comodidad, el buen trato-, y conexión –Internet, etc.- con el lugar propio y con el resto del mundo. Como se dijo, el capitalismo flexible desterritorializa a la vez que reterritorializa. El deseo de irse y experimentar otra cultura se yuxtapone con el de no perder las señas del espacio primario. Operación hegemónica que encarna la metáfora hogareña del hostel: el hogar es el recinto de la armonía, el arraigo con lo establecido, con lo formalizado.

En los casos analizados, puede leerse cómo Internet es una mediación que (re)organiza las prácticas socio-culturales tanto para los actores que se encuentran del lado de la producción, como los que se hallan del consumo.

Conclusiones parciales

Tal como pudo apreciarse a lo largo de esta segunda parte, una serie de ideas aparecen como materia a resaltar. En primer lugar, cabe decir que el viaje es construido desde los actores como una experiencia de amplitud mental, de redimensionamiento subjetivo, en tanto se conoce otras personas que portan otra cultura, y ese conocimiento se cimienta desde un discurso efectuado desde un capital que se construye como legítimo.
Ahora bien, se desprende de la muestra cómo el “otro? permanece en un lugar exotizado, esto es, idealizado. De acuerdo con las entrevistas realizadas, el “otro? al que se conoce, finalmente, en el viaje no es al “otro-local? sino más bien al par turista, o bien al “local? que trabaja para la industria del turismo. En otras palabras, se conoce y se establece relaciones con un “otro? que ingresa en un terreno discursivo codificado dentro del campo turístico, y de ese modo es un “otro? construido como legítimo.

Por otro lado, el “otro-local? es percibido por los turistas citados como un sujeto conflictivo en los escenarios construidos como inesperados. En aquellos momentos en los que el turista experimenta una discontinuidad en sus prácticas, se manifiesta el conflicto con la alteridad. La respuesta del turista frente a esta emergencia se construye, desde la matriz de pensamiento de estos, en términos de incomprensión, y finalmente, de negación. Como se vio, el “local? que hace negocios con el turismo –en este caso, el gerente del hostel- también construye en sus representaciones un “otro-local? negado, dado que puede interferir negativamente en el desarrollo normal de su actividad comercial. Esto habilita resaltar, según los casos analizados, cómo un campo autoriza voces y “otros? legítimos para un espacio-tiempo.

Ahora bien, lo dicho pone de manifiesto el conflicto entre los imaginarios, los sentidos y las prácticas materiales. Esta última siempre introduce una cuota de indeterminación que escapa a la industria turística, y esto hace que constantemente se estén reafirmando y transformando los esquemas de apreciación del mundo.

Los turistas entrevistados entran al espacio del “otro? y necesitan de narrativas, codificaciones que los localicen en pos de sentirse seguros y poder disfrutar. De ahí que visiten enclaves turísticos y consuman imaginarios mitologizados. Otro rasgo de la muestra estudiada es que se hospeden en un hostel donde buscan sentirse “como en su casa?, y comunicarse con su hogar Internet mediante. La metáfora hogareña vehiculizada por el hostel busca rehacer la (des)localización, puesto que en ella se actualiza la idea de estar siempre en todos lados “como en casa?. Cómodos, socializándose, disfrutando, y conectados con el resto del mundo. En el contexto del capitalismo flexible el hogar significa un repliegue frente a la proliferación de imágenes y discursos, allí el sujeto se (re)localiza en los vínculos con otros pares y en el marco de las codificaciones del campo turístico. Pero también busca un hogar en el que pueda conectarse con el mundo y con su hogar a partir de las nuevas tecnologías. Es por ello que se resaltó, para los casos analizados, la importancia de Internet como una de las principales mediaciones que reorganiza las prácticas turísticas. Estar conectado a todo momento y en todo lugar es una estrategia de (re)localización del turista en el espacio-tiempo del viaje.

Puede decirse que la metáfora hogareña se acopla con una suerte de búsqueda subjetiva condensada en hacer el “viaje por cuenta propia? y, a la vez, ser parte de una “comunidad?. De acuerdo con las entrevistas, el hostel se construye como un hogar, pero en tanto que expulsa al “otro-local?, es un hogar sólo para los turistas extranjeros. Espacio-tiempo de socialización que borra las huellas activas de los sujetos locales, para presentarlos y promocionarlos en términos de exóticos.

El hostel-hogar es un espacio donde el turista se siente protegido, y esta protección queda asegurada porque las relaciones de socialización se circunscriben a sus pares, otros turistas, que comparten la misma situación del viaje turístico. El hostel, como todo espacio, se organiza en función de un poder simbólico y material que define lo legítimo y lo no legítimo y así, lo incluido y lo excluido. De este modo, estructura prácticas (y omite otras) permitiendo determinadas relaciones y no otras. Aún así, las reglas establecidas siempre se encuentran en tensión con las prácticas materiales.

Ahora bien, tal como se viene sosteniendo, el turismo trabaja constantemente proveyendo entretenimientos y seguridad. En los casos analizados, es en la materialización de esos ejes donde se produce la representación ambigua del “otro-local?: se lo romantiza, pero se lo niega, se lo expulsa del espacio en la medida que presentifica lo opuesto al imaginario construido de lo que se espera de él. El “otro-local? es posible en la medida en que esté exotizado. De no ser así, personifica el conflicto porque transgrede lo reglado. De este modo, se reproduce al interior del campo turístico la desigualdad estructural que funda la relación entre el turista y el nativo. Esta relación desigual naturaliza en los significantes “placer?, “seguridad?, “entretenimiento? que funcionan a nivel de superficie como palabras frívolas, pero escamotean la negación del “otro? en el espacio-tiempo del viaje turístico.

Notas

1) Como se dijo anteriormente, aprender la lengua y conocer la cultura del “otro? también es un capital a adquirir tanto dentro del espacio del “otro? como, posteriormente, en el espacio propio, particularmente en el campo laboral y también social.
2) Mc Cannell refiere a la relación interétnica entre turistas y nativos como “… transitoria, estereotipada y orientada hacia la explotación…? (1988, 225).
3) Como puede leerse en el anexo de las entrevistas a los turistas, cuando se pregunta una opinión acerca del “argentino?, en la respuesta se lo caracteriza como “amable?, “simpático?, etc. Sin embargo, lo que aquí se quiere resaltar es la representación del local como punto de conflicto que emerge en la descripción de situaciones construidas como inesperadas.
4) Puede argüirse que en tanto las industrias cultural y turística espectacularizan la realidad generando situaciones de placer, también de ese modo fabrican “… los imaginarios sociales, las representaciones globales de la vida social, de sus agentes, instancias y autoridades, los mitos políticos, los modelos formadores de mentalidades y de comportamientos…? (Baczko; 1984, 32).
5) El “otro? es “… la inversión de rasgos que se observan entre nosotros y, en un grado pequeño, gracias a la observación de los otros? (Todorov: 1989, 306).
6) Ver apartado “Turismo en Argentina y en el mundo? en otra parte de la tesina.
7) “Este turismo de alternativa pone varios acentos: en unos valores de autodeterminación, autenticidad, armonía social y preservación del medio dado; en una asociación mas equitativa entre lugareños y empresarios locales y agencias externas; en un desarrollo de escala menor y un uso mayor de técnicas, materiales, estilos arquitectónicos y destrezas locales…? (Lash y Urry: 1998, 367).
8) Sobre la caracterización del “local? como fuente de conflicto en los escenarios construidos como imprevistos, ver el apartado “El conflicto con la alteridad?.
9) En varios casos, como el de Sam, Felipe, Christian, los turistas manifiestan mirar la televisión partidos de fútbol o noticieros que los contacten con lo que acaece en su país.

Bibliografía

NOTA: esta es la bibliografía completa de la tesina, y no necesariamente ha sido citada en el capítulo aquí publicado.

Alvarez Sousa, Antonio (1994) “El tiempo libre y las vacaciones pagadas? en El ocio turístico en las sociedades industriales avanzadas, Madrid, Bosch.
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