Se me ocurrió hacer una breve lista de los insoportables del viaje que nos pueden tocar como compañeros de recorridos. Aquí van algunos ejemplos. Desde ya, ustedes pueden colaborar con la lista en los comentarios.

El ñañoso: en Argentina, es un tipo de persona que tiene asco de todo. Que los baños están sucios; que el micro o el avión huele feo; que la comida no la hacen como quiere… Este ejemplar de viajero molesto se la pasa todo el puto día quejándose. Obviamente, nos puede llegar a hartar y mucho.

El extremista de la limpieza: variante del ñañoso, este viajero está todo el tiempo atento a que los alimentos que ingiere tengan sello hasta de la ONU. No quiere comer nada en la calle, ni en restaurantes que no brillen bajo la luz del sol, ni quiere tocar cualquier comida por el simple hecho de que una mosca pasó a cinco metros de ella. Se pierde todo lo bueno del viaje, no come un montón de cosas ricas, y nos vive dando lecciones acerca de lo irresponsables que somos. Mejor dejarlos en el micro e irnos a comer nuestro pan con huevo y mortadela en esas paradas de micros en Bolivia :).

El tacaño orgulloso: no quiere gastar un peso en nada. Es capaz de ver como colarse en habitaciones de dos para dormir en el suelo, o de saltar alambrados para dejar su carpa en cualquier lugar con tal de no pagar unas monedas por el cámping. Pretende que los locales le den todos los servicios gratis, sólo porque es un viajero buena onda y ya les está pagando con sus historias y presencia. Logra que finalmente nos quedemos en el alojamiento más caro del lugar con tal de no verlo más.

El enfermo crónico: todo le cae mal. La comida, el agua, lo que vuela cerca. Al parecer, el aire del lugar ya lo enferma. Se la pasa quejando de su pésimo estado de salud. Mejor decirle que se vuelva a casa a buscar un hospital.

El comparador serial: vive comparando todo lo que ve con lo que pasa en su país, donde al parecer todo es perfecto. “Que desastre, esto en mi país no pasa” es una frase de su estilo -eso cuando no se larga con una perorata racista sobre la gente del lugar. Ideológicamente repugnantes, dan ganas de embarcarlos en el primer vuelo disponible.

El que quiere ver todo: está todo el tiempo apurado para ver 18 lugares en un sólo día. Apenas llega a un lugar, ya está rompiendo las bolas con que hay que irse a otro lugar al parecer fascinante, sólo porque una guía de viajes dice eso. Lo mejor es pedirle un taxi y que se vaya a hacer su recorrido.

El que se las sabe todas: viajó al parecer por todos lados, y se la pasa alardeando de ello. Todo el tiempo nos deja en claro que tiene mucha más experiencia que nosotros. Dejen que viaje mucho más lejos ;).

El que se nos pega sólo porque sabemos el idioma local: apenas detecta que hablamos bien el idioma local, se nos cuelga y nos acompaña a todos lados, y pretende que traduzcamos todo lo que dicen los locales. Los servicios de traducción, deberíamos aclararles, tienen precio aparte.

El que zafa de pagar todo el tiempo: hay quienes buscan gastar lo menos posible, pero también están los que buscan no sacar nunca la billetera. Cada vez que hay que comprar cosas para varios, jamás ofrecen su colaboración. Al final no queda otra que encararlos directamente.

¿Otros insoportables del viaje de los que me haya olvidado? Pueden agregarlo en los comentarios.

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