Hay en muchos viajeros una concepción del viaje que lo recrea como una instancia de descubrimiento personal. Todo lo que conoceremos en un destino es parte de un proceso de búsqueda que debería darse exclusivamente allí, en la interacción con la gente del lugar, y en nuestras caminatas y paseos por allí. Se asume que esa forma de viajar es la más “auténtica”, ya que no depende de las agendas de otros actores del campo turístico, como agencias o guías de viajes.

Si bien suena atractivo, tiendo a tomar distancia de esa concepción del “descubridor” que quiere rodear la concepción del viajero. Más bien, soy de los que piensan que uno de los primeros destinos que se debe visitar cuando llegamos a una gran ciudad son las librerías. ¿Para qué? Para ver qué libros se encuentran disponibles sobre el destino que estamos visitando, obtener mapas y eventualmente mirar algunas guías que nos ayuden, ahora sí, a armar nuestro viaje.

La etapa de investigación es básica; sé que a algunos les resultará un poco aburrido mirar guías, mapas, referencias varias. Pero al menos en mi caso, es parte de un proceso fascinante, que es el acceder a las representaciones de un lugar. Esto es, que cosas suelen ser resaltadas de un destino específico. Por supuesto que luego es bueno salirse de esa representación, perderse por las calles, descubrir sitios que no figuran en las guías. Pero no me parece que ese proceso sea independiente de otras fuentes. El descubrimiento se da a partir del conocimiento que ya tenemos de esos sitios.

En el caso del último viaje, mi estadía por un par de horas en la librería Saraiva, en el shopping Barra, en Barra da Tijuca, fue un interesante momento para ver que se había editado sobre Río de Janeiro. En dos estantes realmente muy grandes de libros relacionados con turismo, encontré desde las tradicionales guías, hasta manuales de Rio para extranjeros, guías de calles, mapas de la ciudad, libros de fotos, y varias fuentes interesantes más. Más allá de mi gusto personal por visitar librerías, una actividad que me encanta, ese paso por allí me dio una perspectiva más amplia de Rio como objeto de representación, como destino a conocer.

Realmente, los viajes empiezan por los libros, y luego sus textos se entrelazan con nuestras experiencias. Mal que les pese a los que sostienen que el viaje son sólo nuestros descubrimientos.

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