Durante nuestra estadía en Río, nos alojamos en un hostal en Santa Teresa, un barrio con fama de “bohemio”. Se trata de una zona que, ubicada sobre un morro, es realmente muy diferente a los barrios más turísticos como Copacabana e Ipanema. Hay mucho más verde, casas realmente hermosas -herencia de un pasado de ricos y famosos a principios del siglo XX-, bares muy recomendables y buenas vistas hacia el resto de la ciudad. Parte de esa identidad se mantiene gracias a las restricciones edilicias, que impiden que en la zona se construyan edificios de más de once metros de altura. Sus calles son increíblemente intrincadas, y dan vuelta aquí y allá. Ni siquiera muchos taxistas las conocen. El resultado final es que finalmente hay que aprender a llevarlos, y tomar como referencia sus calles más conocidas, Monte Alegre y Almirante Alexandrino.

Buena parte de la fama de Santa Teresa llega de la mano del medio de transporte más tradicional para llegar hasta allí: el bondinho. Se trata del último tranvía eléctrico en funcionamiento en Rio de Janeiro, y recorre las empinadas calles de Santa Teresa desde fines del siglo XIX.

El bondinho pasa por Largo de Guimaraes

Con el paso de los años, el bondinho se ha transformado en un verdadero símbolo del barrio, a tal punto que los vecinos y los empleados del tranvía han logrado sortear todos los intentos de cerrarlo. A los críticos no les faltan razones para ello: el bonde está en pésima estado de conservación, y su funcionamiento en medio de las calles estrechas de Santa Teresa lo enfrenta todo el tiempo a autos y micros que vienen a todo velocidad. Encima, su alimentación eléctrica suele desconectarse muy seguido, y sus choferes deben bajar a colocar todo en su sitio. Pero a la vez, hay algo realmente entrañable en que un medio de transporte del siglo XIX siga allí, a pesar de todos los intentos por quitarlo del medio. Además, el bondinho es una forma muy eficiente de llegar hasta el centro de la ciudad en apenas minutos, por un costo muy bajo -sólo 0,60 reales, el transporte más económico de Rio- y con una vista excelente al resto de la ciudad. El paseo incluye pasar por encima de los Arcos de Lapa, hoy una de las postales más conocidas de Rio.

Con el paso del tiempo, el bonde se ha transformado en una verdadera atracción turística, y por las mañanas luce lleno de personas que no hablan portugués, que anda con sus filmadoras digitales en mano -lo cual ha ocasionado que el bondinho siempre tenga presencia policial, ya que pasa por algunas zonas no tan seguras. Al menos por ahora, hay que aprovechar: no les cobran más a los turistas que a los nativos :). Pero además hay algo muy interesante para remarcar: no es tan difícil hallar asientos en el bonde, incluso en horarios pico. Si llegan a tener la oportunidad de usarlo seguido, verán que mucha gente va parada, subida a los estribos, algo que incluye a muchas mujeres. Cuando nos acercamos, con la idea de “ufff, va muy lleno”, nos encontramos… con que hay muchos asientos vacíos, y que incluso esas mujeres nos hacen lugar para que pasemos. La percepción latinoamericana que une a muchos de nosotros rápidamente ata cabos, y sugiere alguna ventaja económica con eso de “ir parado”. Efectivamente, quienes viajan en el estribo no pagan. Sólo cuando el bondinho sale desde estación Carioca, la terminal del centro, hay que pagar sí o sí. Claro que apenas llega a Arcos de Lapa, hay un grupo de gente esperando para… subirse a los estribos.

El bondinho pasa por las calles de Santa Teresa

En la actualidad, hay dos líneas de bondinho. Ambas salen desde estación Carioca, al lado del edificio de Petrobrás, y a dos cuadras de la estación Carioca del Metro. Miran bien, porque está pésimamente señalizada su entrada. Una línea llega a Paula Mattos, y otra a Dois Irmaos. Como se separan a la altura de Largo de Guimaraes, donde están la mayoría de los bares, en general la mayor parte de los turistas no se preocupa demasiado por averiguar cual línea hay que tomar. Hay servicios cada media ahora aproximadamente. Los días con mucha lluvia el servicio puede suspenderse -de hecho, nos pasó que una tarde mucha lluvia nos quedamos sin bondinho en el centro, y no hubo más solución que ir en taxi, y convencerlo de que nos llevara porque sólo tenía que ir derecho por Monte Alegre…

Por supuesto, hay una serie de ómnibus de línea que suben a Santa Teresa, y que hacen la integraçao con el metro. Uno de ellos es el 206 a Silvestre y el 214 a Paula Mattos, pero hay más alternativas. Se los puede tomar desde la estación Largo de Machado, del metro carioca.

No pudimos evitar tener ciertas actitudes de lo más turísticas, y hasta compramos en una de casas de artesanías de la zona una réplica en madera del bondinho, como pueden ver en la foto que se encuentra debajo.

Bondinho

El bar más famoso de la zona del Largo de Guimaraes en Santa Teresa es el Bar do Mineiro, que está a una cuadra de esa parada. Su plato más famoso es la tradicional feijoada, que cotiza unos 28 reales para dos personas. Es bastante abundante y seguramente van a quedar satisfechos. Ojo que los fines de semana el bar fica lotado, y para conseguir una mesa hay que esperar un buen rato. Si se están alojando por Santa Teresa, como era nuestro caso, mejor es ir cualquier día de semana al mediodía, excepto los lunes, que está cerrado.

Por los bares

Claro que en la zona hay otros bares y restaurantes interesantes, como Sobrenatural, especializado en frutos de mar. Es un poco caro, pero vale la pena. El barrio, de todas maneras, tiene cada vez más turistas, lo cual tiene consecuencias interesantes -mayor cantidad de posadas y bares- y no tan interesantes -alza en los precios, en particular en los bares. En la llamada Esquina de Santa, en Monte Alegre y Rua Aúrea, hay otro bar que me gustó mucho, llamado Thiago. Tienen una excelente cerveza negra tirada en chope, que recomiendo énfaticamente saborear. Y no es nada caro.

Una buena fuente para leer sobre Santa Teresa es comprar el título dedicado a Santa Teresa y Urca de la colección Bairros do Rio, que se consigue muy fácilmente en las librerías de la ciudad. Cuestan alrededor de 19 reales. Son un poco caros para su tamaño, pero valen la pena.

Aún quedan más cosas de Santa Teresa, como nuestro alojamiento, pero estoy intentando no escribir entradas kilométricas. Lo dejamos para el lunes.

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