La primera vez que visitamos una ciudad, todo es stress. No queremos perdernos nada, y por ello generamos una agenda espantosamente cargada para cada día. El resultado suele ser poco feliz; nos terminamos perdiendo muchos de los lugares que queríamos conocer, y en muchos casos tardamos más de la cuenta en llegar a cualquier lado. Como no conocemos del transporte local, hasta es muy probable que terminemos perdidos y desorientados en alguna esquina.

La primera vez que visitamos una ciudad sólo estamos allí. Punto. Conocer es más bien una tarea que recién podremos realizar cuando visitemos la ciudad en una segunda oportunidad (o tercera, o cuarta). Es que para esa ocasión, el apuro muy probablemente ya se haya ido, y nuestro conocimiento sobre el entorno haya mejorado, en particular el manejo del tiempo y de los transportes locales. Para ese momento, podemos relajarnos, dejar de prestar atención de manera obsesiva a los mapas, y dedicarnos, por fin, a disfrutar del viaje.

Buena parte del vértigo por conocer las ciudades se debe a nuestra forma de viajar. Por ejemplo, los mochileros latinoamericanos suelen dedicar pocos días a cada ciudad, y movilizarse por ellas en el transporte público, que es más económico, pero también más difícil de manejar para los recién llegados. Tal vértigo es el que prevén muchas guías de viaje. Por ejemplo, Lonely Planet ha comenzado a hacer pequeños apartados en las grandes ciudades, y hacer guías de qué visitar si se tiene uno, tres o cinco días de estadía en ese lugar.

Lo que nos falta siempre es tiempo y, desde ya, dinero. La combinación de “poco tiempo + poco dinero” es la más mortal a la hora de viajar. Acaso si estuvierámos apurados pero tuviéramos más efectivo, tomaríamos taxis a todos lados y punto. O si compramos un tour, nos llevarán de las narices de aquí para allá. Pero como la mayoría de nosotros no milita en el club de los adinerados, debemos pelear con el tiempo sólo con nuestros mapas y empeño por llegar a cualquier lado de la ciudad, subidos en un ómnibus local.

La primera vez que estamos en la ciudad nos damos cuenta de lo que realmente deberíamos haber hecho para conocerla. Y la segunda visita es la oportunidad de llevar a cabo esos planes. Volver es conocer de manera más detallada, y no sólo haber estado allí.

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