Típico: pocas palabras son usadas de manera tan abusiva en folletos y textos sobre turismo. Por lo general, describen aquello que se da por sentado “es característico de un lugar”. Claro, esa “tipicidad” está de acuerdo a aquello que el observador considera como tal. Por ejemplo, no es raro encontrar descripciones sobre el tango en Buenos Aires, donde se señala que los bailarines “usan ropas típicas” que hoy por hoy únicamente son utilizadas en espectáculos para turistas. ¿Qué tiene de “típico” algo que está vinculado a un área especializada que por lo general es de escasa importancia para la población local?

Sé que dirán: “lo característico es aquello que históricamente caracterizó a un lugar o grupo o nacionalidad”. Convengamos en que es una definición muy imprecisa. ¿Quién debería definir que es lo “típico” un grupo? Supongamos que esa autoridad es de los nativos y ellos nos podrían decir que es algo “característico” de su cultura. Volvamos a los bailarines de tango: ya nadie usa esa ropa en la vida cotidiana; ni siquiera cuando va a bailar tango -algo que por cierto sólo hace una pequeña minoría de los habitantes de Buenos Aires. ¿Dónde se define esa “tipicidad”? Es sencillo: en textos hechos para consumo hacia el exterior, ya sea para turistas o películas. La imagen del compadrito bailando pertenece ya al género del espectáculo, al de ciertas convenciones destinadas a un mercado específico.

Lo “típico” e sun tipo de figura que se relaciona fuertemente con la categoría de “auténtico”. Las diferentes posiciones de nativos, empresas del sector de viajes y turistas hace que se imponga una definición de auténtico que por lo general satisface a estas dos últimas partes. O sea, es “auténtico” aquel nativo que cumpla con los requisitos de “autenticidad” requeridos por la industria y los turistas. Aunque el nativo termine su jornada de trabajo, se saque el traje “típico” y se ponga sus jeans para salir a tomar algo con sus amigos.

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